Cultura | André Guttfreund
.TAMAÑO DE LETRA
Un encuentro con el único Oscar de Hollywood, que es salvadoreño

En 1976 André Guttfreund, salvadoreño hijo de un alemán y una rumana, subió al escenario del Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles para recibir un Oscar por el film "En la región del hielo (In the region of ice)", en la categoría de mejor cortometraje. Desde aquel año, es el único salvadoreño que tiene una estatuilla dorada de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas. Como antesala a los premios el 26 de febrero, Guttfreund reveló a DIARIO LA PAGINA sus ideas sobre el cine y la estatuilla que lo llevó a la gloria.

Última actualización: 08 DE FEBRERO DE 2012 14:07 | por José González

André Guttfreund. Foto: José González

Un paquete que contiene las películas nominadas a los premios Oscar llega a una dirección en San Salvador. Un salvadoreño lo abre en un apartamento en la colonia San Benito. André Guttfreund vota por las películas que usted ve premiadas en la tele, desde su casa, cuando ni lo siquiera lo imagina.

En la salita de su apartamento, Guttfreund decide cuál película se merece el máximo premio: el Oscar. Él tiene el privilegio de hacer lo mismo que otros jurados decidieron el premio para su cortometraje en 1976.

La Academia tiene unos seis mil pico de miembros y formar parte de ella requiere que se esté activo en la industria del cine, o que dos miembros lo nominen, o que uno haya recibido una nominación al premio Oscar.

Aunque lleva ese apellido extraño- y es más alto y blanco que la mayoría de habitantes de este nuestro “país-hamaca” -, Guttfreund es el único salvadoreño que ha ganado un Oscar y  además es miembro de la Academia que los entrega. La estatuilla tersamente dorada, paradita sobre el mueble de madera clara en su terraza, es la evidencia.

¿Qué le parece la selección de este año comparada con la del año 76, cuando usted ganó el Oscar?

Comparando las dos selecciones... comparemos "Hugo" con "Taxi Driver", mismo director -Martin Scorsese-. "Taxi Driver", una película muy cruda, pero fabulosamente visceral, innovadora, llena de una energía muy especial, oscura y revolucionaria.

"Hugo" es una película totalmente estilista, con actuaciones para mí aburridas, pero bellísima para ver. También la siento como un ejercicio un poco cínico, porque Scorsese hizo un homenaje al cine y creo que siente que si hace un homenaje lo van a premiar. Yo me revelo contra eso. Para mí es una película que merece premio en lo técnico, no en lo otro.

¿Y “Taxi Driver”?

Uuuf,  para mí es una de las mejores películas que ha hecho, sino es que la mejor.

¿Le habría ganado a “Rocky”?

Claro, ¡mil veces! Pero uno no puede ignorar que parte del criterio de los miembros de la Academia es lo que le sirve a la industria y la industria siempre es bien servida por un hit enorme que se hizo con poco dinero. Porque eso alienta a otros a meterse al cine y contribuir a halar a la gente.

"Rocky" es una película casi por fórmula: la persona que sale de nada y supera todo. Era una “Cenicienta”. A mí me gustó, pero comparar "Rocky" con "Taxi Driver" desde el punto de vista artístico, no, no, no…

Arte aquí, y “Cenicienta” y éxito enorme financiero del otro lado –una película que costó casi nada e hizo cien veces más en taquilla. Generó cinco "Rockys" más… todos malos, pero… todos vistos.

¿Y este año quién es la “Cenicienta”?

Yo no voté para las nominaciones porque no había recibido todas las películas todavía. Yo no quería votar para nominar mejor película sin haber visto “Melancolía” de Lars von Trier, no había visto “The Help”, ni “The Descendants”, me vinieron hace dos días. Para mí si hay un “darkhorse” entre los nominados es "El Árbol de la Vida", me encanta Terrence Malick (el director) y me encanta que el director de fotografía sea un mexicano.

“El Artista” causa tanto entusiasmo porque a 70 años de cuando se apreciaba el cine mudo es una oportunidad para que un montón de jóvenes vean cine mudo, pero en contexto contemporáneo, sin compararlo con todo el cine mudo que yo vi cuando estudiaba cine. A mí me decepcionó, porque para mí había cine mudo que explotó esto mucho mejor que “El Artista”.

Son miembros de la Academia, algunos de ellos de más de 70 años, entonces hay elementos nostálgicos que entran en las decisiones que quitan objetividad. Ahí también entra "Hugo". Es manipulador pero funciona.

Mire, si usted quiere hacer una película y asegurarse de una nominación, lo único que tiene que hacer es un cuento de alguien que está paralizado, pero que supera eso para poder hacer cosas grandes. Le da ese papel a un Robert de Niro o a un Robin Williams, o a un Jim Carrey; a alguien que se conoce por cómico, pero que es buen actor y le da vuelta a eso... lo nominan.

¿Se considera salvadoreño?

Yo estuve en Estados Unidos 30 años, nunca me hice ciudadano estadounidense. Ahora se permite, por varios años, ser ciudadano estadounidense y salvadoreño, pero nunca quise hacerlo. Yo creo que es porque necesitaba emotivamente seguir identificándome como salvadoreño, aunque cuando yo era niño -al mismo tiempo que nací aquí y crecí aquí- nos veían como extranjeros, no sólo porque mis padres sean europeos sino porque también éramos judíos. Entonces, era una identificación difícil.

Uno está afuera y al mismo tiempo está dentro. Irónicamente eso me permitió siempre ser observador al mismo tiempo que participante y eventualmente, cuando me metí al cine, a través de los años me preguntaba ¿cómo es que me fascina tanto el cine y me identifico tanto con ese trabajo?, eso es por haber siempre sido observador.

En Estados Unidos era lo mismo, me sentía muy confortable ahí, pero siempre estaba fuera, porque no crecí como todos mis amigos crecieron. Haber crecido aquí me dio una perspectiva que ellos no tenían. No vi los programas de televisión con los cuales ellos crecieron, así que hasta cierto punto siempre -no importa dónde- me he sentido “afuera”... No importa cuánto estaba dentro.

¿Qué puede hacer usted como miembro de la Academia por el desarrollo del cine en El Salvador?

Por muchos años yo no podía venir aquí a hacer este trabajo porque se estaba trabajando con 35 y 16 milímetros (película que había que revelar químicamente)  y era muy caro hacer cine. No había un núcleo suficientemente grande, ni facilidades ni recursos ni nada para poder dedicarme a hacer algo aquí.

Cuando vine a dar un taller a la Don Bosco -hace cuatro años- una vez que estuve acá se me invitó como parte del jurado para el primer Ícaro salvadoreño. Mientras el año anterior solo se habían hecho como siete producciones, entonces todo lo que se hizo se mandó al Ícaro para las diferentes categorías, pero en un año cambió todo. De repente había más de 50 trabajos. Uno tenía que preseleccionar antes de mandar.

Yo vi el trabajo y vi que en documentales, estábamos caminando en una dirección muy buena... muchos de nuestros documentalistas se habían entrenado en Cuba o en México y tenían muy buen entrenamiento, pero en ficción estábamos malísimos.

Yo originalmente vine del teatro y me metí al cine porque dos personas me alentaron a irme al cine: Roberto Rosellini y Tony Bellani, que era el director del conservatorio de la AFI (American Film Institute).

Me fui a la AFI como el único latinoamericano y como el único que se habiá entrenado en teatro, todos los otros venían de escuelas de cine. Cuando yo le dije al director que no sabía nada de la tecnología de cine me dijo: “sí, pero lo que tú sabes es difícil que yo se los enseñe a ellos, lo que ellos saben lo puedes aprender”. Así termine en cine.

Cuando yo vine y vi teatro, vi que teníamos excelentes actores y hasta excelente ojo en puesta en escena, también en escenografía. Estábamos bastante sofisticados en teatro, pero el cine de ficción estaba tan malo; vi la oportunidad de venir a hacer aquí lo que había hecho allá y me emocionó la idea de trabajar con un “baby en pañales”. Poder entrenar a directores cómo comunicarse con actores y entrenar a actores de teatro cómo trabajar para el lente. Pero también vi la necesidad de buenos escritores.

¡Los guiones eran malos! Y la razón de que los guiones fueran malos o mediocres era que los que los estaban escribiendo obviamente no habían leído mucho. Además de que no eran escritores... no eran cuentos suficientemente salvadoreños.

Entonces, habiendo leído escritores salvadoreños y sabiendo que tenemos escritores excelentes y cuentos excelentes, además del hecho que somos un pueblo cuentista. ¿Cuántos de nosotros no oímos de las abuelas o de las niñeras cuentos?

Allá, los estudiantes de la USC, donde enseñé para la licenciatura y la maestría en cine, aunque Spielberg y (George) Lucas dieron 150 millones de dólares para esa escuela de cine, estaban haciendo cine sobre cine que habían visto, porque ellos no crecieron con gente que les contaba narrativa oral y tampoco habían leído. Eso de no leer es mal de juventud ahora.

Tenemos el problema de la juventud en general de que están acostumbrados a videoclips, están acostumbrados a una atención de tres minutos. Como no han leído novela no tienen esa costumbre de desarrollar un cuento a lo largo.

Entonces, lo que vi yo es que teníamos que entrenar a gente de teatro para hacer cine, teníamos que entrenar a gente de cine a cómo comunicarse con los actores, teníamos que desarrollar una mentalidad de un largo ficción, o aun si es un corto que no sea de un ritmo de un videoclip; también teníamos que desarrollar una voz propia... que no sea que la gente aquí -y parte de eso es el malinchismo- crea que lo nuestro es inferior y crea que para tener éxito tenían que imitar al cine gringo o hacer homenajes al cine europeo. Entonces yo vi cosas que no tenían nada que ver con El Salvador y ritmos que no tienen nada que ver con el cine ficción.

Entonces dije, ¿por qué voy a seguir haciendo esto allá, cuando acá hay tanto de qué alimentarse?, ¿por qué debería seguir siendo el único -no solo salvadoreño sino centroamericano- que es parte de la Academia y de poder haberme ganado el pan haciendo esto en el exterior?

No solo formar gente que pueda hacer cine en Europa -que los contraten de Estados Unidos- de Suramérica, sino también de hacer cine aquí y quizá una de las consecuencias es que va a venir gente a hacer cine aquí, que exista una mini-industria que se beneficie de eso acá...

Pero, desde la academia, ¿específicamente qué es lo que puede lograr?

Una de las primeras cosas que se me ocurrió es que la Academia hace 3 ó 4 años comenzó un programa de “adopción”... adoptaron al cine iraní, al cine vietnamita, y los resultados fueron excelentes. Salieron películas excelentes, y no solo eso, salieron películas excelentes dirigidas por mujeres, en sociedades adonde las mujeres no figuran.

Yo vi en eso un poder de transformación, que sería fabuloso para nosotros. ¿Por qué no ver si la Academia puede adoptar a El Salvador como el primer programa de adopción latinoamericano?

¿Qué se necesita para ser “adoptado” por la Academia?

Si voy a la academia como individuo eso no va a tener mucho peso. La Academa quiere adoptar a un país. Ellos necesitan, para que el programa de adopción funcione, que tengan el apoyo del gobierno y de la sociedad. Vi la necesidad de que yo represente al país y pueda decir “nosotros El Salvador" queremos que ustedes nos adopten para que podamos conseguir los talleristas en cada una de las categorías que toma hacer una película, es decir un largo.

Me dieron un nombramiento de parte de Relaciones Exteriores, como “Ministro consejero para asuntos culturales para la embajada en Washington”, ad honorem, pero no importa. Eso es para que yo pueda ir a la Academia como representante del gobierno. Eso me permite decir “nosotros”, como representante del país.

Para poder entusiasmarlos además era importante sacar trabajo bueno, para que ellos vean que “si están haciendo esto con lo poco que tienen”, entonces vale la pena la inversión, pero con el trabajo malo que estaba antes no se podía hacer. Con los nuevos cortos que he asesorado y que hemos trabajado, entonces eso se vuelve más factible.

Y después que nuestro embajador en Washington, venga una vez que los he entusiasmado a ellos, venga a firmar un convenio, entre el gobierno de El Salvador y la Academia, para que también eso ayude a costear los viajes de esta gente. Porque el Gobierno no tiene nada de dinero para esto, entonces voy a tener que ver cómo es que, si a la Academia le entusiasma esto hay conectes entre la Academia y el Departamento de Estado, voy a ir a la Embajada, que todavía no lo he hecho, porque quería tener todo más adelantado, para que ellos con entusiasmo hagan esto.  

¿Cómo funcionarían esos talleres?

Cada taller sería de dos semanas, en todas las categorías: desde el principio de la hechura, incluyendo continuidad, no tenemos un continuista, no se puede hacer cine sin continuidad.

Editor por ejemplo, no tenemos a ningún docente aquí que haya hecho ficción o que haya aprendido ficción. Hay alguien que puede enseñarle a usted cómo funciona el programa de edición de Apple por ejemplo. Pero la sensibilidad para contar una historia a través de la edición no la tiene.

También vamos a pedirles que visiten aquí, que vean todo lo que existe aquí, basado en eso nos den equipo, para que ese equipo sea equipo nacional. Lo de la ley de cine es absolutamente esencial, así como lo de tener un fondo nacional de cine, para que la hechura de cine sea por talento y no por conexiones y no por dinero propio. Si hay un fondo nacional de cine todos aplican y hay evaluadores que escogen lo mejor.

Pero de nada sirve si no estamos formando a gente. Si ahorita hubiera un fondo nacional de cine lo que se haría es “lo mejor de lo malo”, lo menos malo, y yo no estoy de acuerdo con los que dicen que eso vale. Así como no estoy de acuerdo que se celebre y se le dé carpeta a cosas solo porque son salvadoreñas. Solo porque se terminaron. Tenemos que exigir una mínima calidad para que podamos competir con otros países en una manera igual, no conformarnos con celebrarnos a nosotros mismos.

Es muy importante lo que estamos haciendo con Jorge Dalton (Guttfreund participa en talleres organizados por el Departamento de Audiovisuales de la Secretaria de Cultura, el departamento se encuentra a cargo del cineasta salvadoreño formado en Cuba, Jorge Dalton).

Cuando vine vi que los productos esos de ficción que no eran buenos provenían casi todos de talleres que costaban mucho dinero y adonde la docencia no estaba capacitada para enseñar los cosas bien a los estudiantes. No es culpa de los estudiantes, es culpa de la docencia. Siempre cuando hay mal resultado no hay nada malo en que la docencia necesite capacitación, pero sí es malo cuando la docencia se rehúsa a capacitarse porque están demasiado ocupados pretendiendo hacer creer que saben cosas que no saben.

Yo estoy acá para el que quiere aprender. No estoy para servir a egos que quieran proyectarse. Si la persona no tiene experiencia y quiere aprender sobre ficción en cine, estoy para ayudarle.

Vimos la necesidad de hacer talleres, basados en los que yo di en la USC. Basado en el hecho que yo no solo lo estudie sino que lo he hecho y que lo he enseñado. El Gobierno se debería adueñar de eso y decir: “esto es importante para nosotros”.

Los talleres han tenido mucho éxito, tenemos a más de 120 graduados. Ahí es donde viene la gente de literatura, la gente de teatro, gente de diseño, los músicos, para ajustar su mentalidad, a apasionarse y entregarse a hacer cine.

El Centro Cultural de España ha sido un socio esencial en eso. Los talleres esos los tenemos que hacer permanentes, para poder llegar al siguiente paso. Son  precursores de los talleres con especialistas que se darán.

¿Cuándo se darán?

Todavía no. Se van a dar una vez que tengamos unos productos suficientemente buenos para decirles: “miren lo bueno que se está haciendo con lo poco que tenemos". Yo diría un año. Tengo el aporte del Ministerio de Relaciones Exteriores, Hugo Martinez está muy emocionado, la Secretaria también.

¿Qué va a pasar ahora que Héctor Samour sale de SECULTURA?

Estaba bromeando con él y le dije que hay una claúsula en mi contrato que dice que yo tengo que aprobar a cualquier persona que lo reemplace... no es cierto, pero lo que quería decir es que espero que la siguiente persona va a avalar y se va a comprometer a hacer las cosas que dijo el Dr. Samour que se tenían que hacer.

El departamento de Jorge Dalton tiene que conseguir el equipo que se le ha prometido. Tenemos que empezar a grabar las cosas que tenemos en el MUNA, para que la gente que venga al MUNA vea un vídeo que les explique qué se exhibe ahí y por qué. Tambien tenemos que empezar a grabar las mejores presentaciones de teatro para archivo y para el cine cultural. Para participar en festivales y que vea el mundo que acá se hace teatro.

Jorge tiene mucha experiencia, mucho talento, también un grupo con talento, pero necesitan los recursos. Ellos han sido muy buenos en aportar desde los talleres, es un socio excelente.

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(22) Comentarios

jose | 2012-02-05 00:12:14

y como se llama el cortometraje por el cual gano um oscar ?

carlos | 2012-02-05 06:22:19

Ese señor sale en el Capitàn Centroamèrica

Mario Jovel | 2012-02-05 06:22:51

Gracias amigas y amigos de la Página.com por brindarnos esta importante información que no da esperanza de poder hacer cosas culturalmente distinta a la que estamos acostumbrados. Esto es una luz para nuestros hijos con vocación en el arte de las tablas, las comunicaciones y el Diseño. Felicitaciones a André Guttfreund por servir grandemente a nuestro pais y aunque no ha concluido su obra propuesta para nuestro país, ya es merecedor de un homenaje en vida. Es un orgullo que sea Salvadoreño, es un Hijo Meritísimo.

torito | 2012-02-05 08:13:11

Esta si es un gran acontecimiento,hay que celebrarlo a nivel nacional

TONY!! | 2012-02-05 09:38:23

solo tiene que buscarlo en google!!. http://aaspeechesdb.oscars.org/ics-wpd/exec/icswppro.dll?AC=qbe_query&TN=AAtrans&RF=WebReportPermaLink&MF=oscarsmsg.ini&NP=255&BU=http://aaspeechesdb.oscars.org/index.asp&QY=find+acceptorlink+%3d049-18
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