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En sus casi seis décadas de mandato, la reina Isabel II de Inglaterra ha vivido guerras, crisis económicas, etapas de "boom" y acuerdos de paz, con un balance que manteniendo firme la popularidad de la monarquía británica. El 6 de febrero, esta octogenaria mujer menuda, vestida casi siempre en tonos pastel, celebrará el 60 aniversario de su ascenso al trono.
Las celebraciones en torno a los 60 años de la Reina Isabel de Inglaterra en el trono prometen ser el espectáculo del año.
Después del rey Bhumibol de Tailandia, Isabel II es la monarca activa que más años lleva en el cargo. Cuando los británicos hablan de ella, a la mayoría se les viene a la boca la palabra "continuidad". Y sin embargo, hace diez años la mitad de la población estaba a favor del fin de la monarquía.
Hoy en día, como mucho un tercio se plantearía esa situación. La reina ha dejado su impronta en el Reino Unido de la posguerra, dando lugar a una nueva era isabelina. Si sigue gozando de su buena salud, en tres años podría superar a su tatarabuela, la reina Victoria, como la monarca que más tiempo ha reinado en la historia del país.
Entre los expertos en la monarquía, apenas hay quien ve posible que la reina abdique y ceda el trono a su hijo mayor, el príncipe Carlos de Gales. Isabel II ha conseguido trasladar la milenaria monarquía al siglo XXI, tan moderna como sea necesario y tan conservadora como sea posible.
"Cambio para mantener el poder", reza su lema. Ya la reina Victoria lo dominó a la perfección, y ahora su tataranieta trabaja con un laptop y envía sus mensajes a través de facebook y twitter. Nadie más allá de las paredes de Buckingham Palace sabe cuánto hay en ello de estrategia de relaciones públicas.
Amante de los caballos y la cocina tradicional, la reina es por una parte una figura social. La prensa británica del corazón sigue de cerca todas las actividades públicas y privadas de la monarca y su familia, la "firma" y su jefa. Pero por otra parte, Isabel II es jefa de Estado de 16 países: además del Reino Unido, integran esta lista desde Canadá hasta Tuvalu, en la Polinesia.
El éxito de la monarca en la política se basa sobre todo en dos criterios esenciales, afirman muchos: en realidad, la reina no tiene nada que decir. Su discurso anual se escribe en Downing Street, las visitas de Estado las tiene que aprobar el gobierno y ni siquiera puede decidir sola a quién nombra caballero.
Así, algunos observadores políticos creen que Downing Street aprovecha la popularidad de Isabel II para gestionar las crisis, como cuando el año pasado tuvo que hacer frente a una de las misiones más peliagudas de su mandato: la visita a Irlanda. La monarca se vistió de verde, el color del país, y pronunció un honesto discurso. Hoy se habla de un cambio en las relaciones británico-irlandesas.
En segundo lugar, la reina no deja que le tengan que repetir las cosas. Según afirma el periodista de la BBC Andrew Marr en su libro "The Diamond Queen", Isabel II trabaja mucho, emplea tres horas al día en leer detenidamente los documentos de Downing Street. No se da la gran vida y cuida ahorradoramente del dinero que le es confiado. La oleada de biógrafos que la reina ha tenido en las últimas décadas coincide a menudo en que, "quien la conoció, la considera una persona juiciosa y sagaz".
Una vez por semana, el primer ministro británico se reúne con la monarca para informarle de la situación actual, y al parecer ella siempre se prepara bien estos encuentros. Nunca una palabra de su contenido ha salido de los muros de palacio. El actual premier, David Cameron, es el duodécimo jefe de gobierno en los años de mandato de la reina. El primero fue Winston Churchill.
Pero pese a todo el secretismo, es seguro que la reina sigue al pie de la letra los principios políticos. Y uno de sus anhelos más urgentes es el mantenimiento de la Commonwealth, esa unión de 53 Estados que una vez pertenecieron al imperio británico. Su marido, el príncipe Felipe, calificó una vez a la reinad de "psicoterapeuta de la Commonwealth".
Y es que ya desde pequeña, la reina era una persona muy consciente de sus obligaciones. Cuando su tío Eduardo VIII renunció a la corona por una mujer y cedió el trono a su padre, Jorge VI, Isabel quedó como heredera, a falta de un hermano. Se enteró de la muerte de su padre, el 6 de febrero de 1952, durante unas vacaciones en Kenia, y voló de inmediato a Londres. Un año más tarde, fue coronada en la abadía de Westminster. Y por primera vez, la ceremonia se vio en directo en televisión.
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Y quien la Eligio | 2012-02-04 02:07:58
para el del primer comentario | 2012-02-04 08:40:37
Miguel | 2012-02-04 09:03:27
JIMMY PAGE | 2012-02-04 14:59:38
EL INGLES | 2012-02-04 19:13:21
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