| Cultura | Un hombre que patea el país |
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Mauro Ramírez es un salvadoreño que domingo a domingo, desde la Plaza Libertad ha hecho de su andar incansable una forma de vida durante 20 años. Es un ejemplo de cómo adoptar una vida más saludable y dejar atrás el sedentarismo.
Mauro Ramírez lleva 20 años saliendo en caminatas hacia destinos tan diversos como el bosque de Montecristo, en el extremo noroccidental del país, hasta las islas del Golfo de Fonseca. Todos los domingos temprano por la mañana, religiosamente, parte desde la Plaza Libertad, en el mero centro de la capital salvadoreña, acuerpado por un grupo de caminantes, quienes al igual que él, sienten la necesidad de "volar pata".
"Yo ahorita voy sobre 21 años sin descansar", recuerda. Es un hombre pequeño, con la piel bien bronceada y lisa, como una piedra de río. "Cabal el 91 empezamos, un año antes de la paz", continua. Mauro Ramírez es un guía turístico que dice haber recorrido El Salvador "a revés y derecho".
Formado en el antiguo Bachillerato en Turismo, a mediados de los años 70, Mauro comenzó trabajando en el Instituto Salvadoreño del Turismo (ISTU), recuerda con nostalgia la época en que trabajó ahí. "Había en ese tiempo muchas oportunidades, pero ahora hay mucha competencia y gente que organiza caminatas pero no sabe nada, que no conoce nada", sentencia.
Los grupos que son guiados por este hombre, que parece nunca quitarse las botas jungla y la cachucha, oscilan entre las 12 y las 20 personas. Las madrugadas de domingo necesitan de un mínimo de 12 turistas para que Ramírez se anime a contratar a alguno de los motoristas que, al igual que los entusiastas caminantes, se encuentre en el Parque Libertad.
"Lo más importante es que la gente se conoce", relata Ramírez. Las caminatas dominicales han producido encuentros entre novios y hasta bodas. El risueño hombre de las botas y gorra ríe y confiesa que ya ha sido invitado a más de una boda entre caminantes.
De plan y ladera
Las excursiones de Mauro no obstante no son para cualquiera. En esto dice ser "socado", en buen salvadoreño. A veces le dicen "Yo quiero ir allá al bosque nebuloso de Montecristo, ¿conoce algún hotel por allá?". No, contesta categórico. "Ahí permito llevar gente solamente con tienda de campaña, si no no van", dice el hombre con gesto serio.
La gente de plan y ladera, esos son los que Ramírez gusta de llevar en sus viajes. "A la gente en El Salvador le gusta salir" dice con su tono suave y risueño, "pero les gusta tener demasiadas comodidades, quieren que haya hotel y restaurante, no quieren dormir en tiendas de campaña, quieren comodidades", complementa. "Pero lo mío es todo natural y para gente que le gusta el campo y salir de la rutina de todos los días", luego de decir esto ríe hacia adentro.
Mauro es como un niño, lo es en el sentido que ama lo que hace. En el mes de enero las excursiones de su empresa, Promoaturs, lo llevaron a él y asus acompañantes a la Laguna de Alegría en Usulután, a la cumbre de Pacaya en Chalatenango, la cumbre de La Montañita (a 1,618 metros sobre el nivel del mar) e incluso a las cumbres de Nueva Ocotepeque, en la vecina Honduras.
Caminar para vivir
Las caminatas de Mauro no son sólo experiencias de paseo y diversión. Según lo explica José Vaquerazo, médico internista, el ejercicio tiene múltiples beneficios. "Se recomienda mucho en pacientes que son hipertensos, que son diabéticos, que tienen alguna patología de riesgo cardiovascular, con el objetivo de lograr tener un mejor control de la enfermedad", aclara.
El exceso de esfuerzo en pacientes con lesiones, por ejemplo en las articulaciones (como son rodillas y tobillos), puede agravar su estado. Por esta razón Vaquerazo recomienda acudir al médico a una consulta general previo a comenzar a ejercitarse después de haber pasado una temporada sin movimiento.
"En 20 años nunca se me ha muerto nadie, nuca he tenido accidentes ni nada porque yo soy estricto en eso" aclara Ramírez. El guía es de la idea que cualquier prevención es mejor que la reacción.
Risueño como es recuerda las veces que le han contado algunos colegas sus desgracias. "A veces la gente solo se deja ir", sentencia.
Mauro es un hombre de unos sesenta años, una tercera parte de su vida ha salido en excursiones y dice que por él continuará hasta que su cuerpo se lo permita. Este domingo lo habrá encontrado con la cachucha y las botas puestas, esperando en el Parque Libertad a los entusiastas "de plan y ladera".
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max | 2012-02-05 06:55:04
Odir Santos | 2012-02-08 07:57:04
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