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Opinión
Retos que esperan al “facilitador” de la ONU

ACTUALIDAD POLÍTICA Cada acto que realice el funcionario internacional debe tomar en cuenta que va a enfrentar prejuicios y actitudes dubitativas de las fuerzas sociales implicadas.

20 DE MARZO DE 2017 09:19 | por Redacción Diario La Pagina

Después de ver las intervenciones del designado por la O.N.U, en los medios televisivos y  entrevistas periodísticas, para abordar el problema de la delincuencia y las soluciones que él y su grupo de asesores proponen, queda la incómoda impresión de que está soplando su aliento sobre la superficie de un espejo, con lo que vuelve más brumoso el panorama de la seguridad nacional.

Si no se trata de una nueva “negociación”, cómo él mismo lo afirma, ¿cuál es, entonces, su interpretación de lo que el llama  “acuerdos, entendimientos  o pactos”, con el crimen organizado.

Por otra parte dice que no estamos frente a un “conflicto social”, sino ante “una confrontación ideológica persistente, una confrontación de intereses”: Nos preguntamos: ¿Se refiere él  a los  intereses y a la “ideología” del crimen organizado en contraposición a los de los ciudadanos respetuosos de las leyes? ¿Cómo armonizar los intereses de quienes aterrorizan al pueblo y quieren lucrarse  a costa de él y los intereses de la ciudadanía que quiere vivir en paz? Y, si por ideología entendemos el conjunto de principios de índole filosófica, política, económica a los que, además de otros,  se añaden valores morales, religiosos, cívicos, le preguntamos al funcionario: ¿Cuál cree usted que es la ideología del crimen organizado?

Por el momento vamos a darle al “facilitador” el beneficio de la duda acerca de la sinceridad y posible acierto de sus planteamientos a lo que sumamos nuestra confianza de que él tiene la experiencia, los conocimientos, capacidad, habilidad, talento y olfato para lograr su objetivo, que es también el nuestro,  el de traer la paz a El Salvador.

Para ello deberá enfrentar el desafío de gestionar el acercamiento y, de ser posible, el consenso de los distintos sectores y segmentos de la sociedad salvadoreña, porque en el seno de esta existe un gran escepticismo, desengaño e indiferencia ante las promesas, sobre todo  aquellas que emanan de los políticos. Su contacto y apoyo principal debe ser el todo político y ciudadano, no sólo el gobierno, de lo contrario estaría comenzando el camino con mal pie.

Imaginamos que ya tiene el enviado  de la ONU una agenda política,  una hoja de ruta trazada para el ambicioso proyecto que está por emprender, comenzando con un programa de consultas y diálogo preliminar con las fuerzas vivas del país: gremiales, sindicatos, intelectuales, universidades partidos políticos, el hombre de la calle y otros.

Tendrá mucha conciliación y acuerdos que lograr de este lado, antes de conformar la mesa del “diálogo” con el crimen organizado, la contraparte de la ciudadanía de bien. En el caso de los políticos la gente reacciona negativamente frente a los partidos políticos, por el estilo de cúpula “dirigente”, por las prebendas que obtienen los políticos y los funcionarios en el poder. La gente está cansada de escuchar discursos que prometen utopías, todos muy parecidos y sin consistencia, porque los partidos han dejado de ser orientados por ideologías y se han convertido en empresas para hacer negocios; en consecuencia, no se debe esperar que, al principio,  la gente se sienta entusiasmada con que el enviado especial de la ONU, con funciones de pacificador, esté dispuesto a actuar con “realismo político”.

Así las cosas, cada acto que realice el funcionario internacional debe tomar en cuenta de que va a enfrentar prejuicios, actitudes dubitativas  de las fuerzas sociales implicadas, por lo que tendrá que  desarrollar una gran flexibilidad táctica al consultar a los sectores representativos de la sociedad salvadoreña.

Teóricamente el conjunto de orientaciones o líneas de acción que se sigan para desarrollar el trabajo, además de dibujar el mapa u hoja de ruta de la gestión, comprenden: 1. Convocatoria al dialogo y el debate de los temas contenidos en el proyecto con gremiales, sindicatos, partidos políticos y sectores académicos, además de otros; 2. Identificar y confirmar la legitimidad de la representación política de los grupos delincuenciales, si es que la hay; 3. Identificar la oferta de cada una de las partes; 4. Definir claramente cuáles serán los términos, condiciones, límites y alcances de los compromisos y responsabilidades que resulten del proceso; 5. Crear el instrumento legal e institucional que garantice el fiel cumplimiento de los acuerdos, todo ello con estricto e indeclinable apego a la letra de la Constitución de la República. 

*Abogado y Notario

 
(1) Comentarios

Juancito Pueblo 2017-03-23 20:44:28

Muy buena opinión.

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