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.TAMAÑO DE LETRA
¡Que viene el lobo, Pepe!

Última actualización: 13 DE NOVIEMBRE DE 2009 14:40 | por José Iglesias Etxezarreta

Como siempre en América, son los ricos los que juegan, pero son los pobres los que pierden. Zelaya, el terrateniente que quiso jugar a revolucionario, ha estado a punto de tirar la toalla y aceptar un acuerdo infumable con Michelitto.

Hasta qué punto debe de dejar en la estacada al pueblo que le ha defendido, que según las estimaciones incluso de los medios más conservadores supone al menos el 50% de la población, que ex progres devenidos halcones como Miguel Àngel Bastenier, en el periódico nada sospechoso de simpatías por las aventuras izquierdistas El País (“El golpe gana en Tegucigalpa”, 4 de noviembre de 2009), describían la intentona como que “Zelaya ha tenido que aceptar todo aquello que deja sin efecto su presidencia para poder abandonar la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde se halla refugiado desde el 21 de septiembre, y ni siquiera así está claro que recupere el cargo. Ha renunciado a seguir promoviendo una revisión constitucional que contemplara la reelección; ha reconocido la validez de las elecciones del 29 de noviembre, que probablemente consagrarán la victoria de su adversario Porfirio (Pepe) Lobo, del Partido Nacional, o, en su defecto, la de su ex vicepresidente Elvin Santos, del Partido Liberal, que tampoco juega a su favor; y el retaco de presidencia que asuma, desprovisto de poder porque tendrá que formar un gobierno de coalición con los dos grandes partidos, se prolongará sólo hasta el 29 de enero, fecha en que deberá dar paso a su sucesor. Y a cambio de ello sólo obtiene una declaración de legitimidad retroactiva de la presidencia a ese 28 de junio en que lo defenestraron, que salva la liturgia democrática (…)”.

Ahí queríamos llegar: la “liturgia”. Porque que de los ritos a que estos regímenes sean democracias auténticas media un abismo. Es la situación de partida, el statu quo ante, la eternidad silenciosa desde la Conquista e incluso anterior, la que debería deslegitimar o al menos relativizar el valor de las elecciones en estos países.

Ya lo mantuvimos cuando dudamos de la igualdad de oportunidades que daba el marco legal, el valor cívico de la Constitución misma a la que trataba de aferrarse Mochiletti en su primera diatriba (¡Bravo, Micheletti, machote!, la Página, 1 de julio de 2009).

Lo dice la unanimidad con la que los representantes de los poderes legislativos, ejecutivos, judiciales, militares, eclesiásticos y mediáticos de Honduras bramaban contra el depuesto Presidente.

Lo expresa así incluso hasta el fanático de Bastenier, encaramado en lo mas alto de uno de los instrumentos más arrogantes del neocolonialismo intelectual español hacia Latinoamérica y que más jalea el mantenimiento de la desigualdad oligárquica  en el continente desde el otro lado del Atlántico en nombre del libe mercado, el propio El País: “Honduras es el segundo país más subdesarrollado de América, sólo precedido por Haití, y del que dijo el presidente en una ocasión que para poder construir una carretera tenía que pedir un préstamo al Banco Mundial; Zelaya había promovido la adhesión al ALBA -la alternativa bolivariana (chavista) de integración para América Latina-, donde los préstamos son más rápidos y menos onerosos, y a Petrocaribe, que le facilitaba 20.000 barriles diarios de crudo venezolano a precios preferenciales; había elevado el salario mínimo cuando las estadísticas nacionales contabilizan en una población de siete millones un 50% de pobres, de los que una mayoría son indigentes; había pedido perdón por un "programa de limpieza social" perpetrado por el poder en los años ochenta, cuyas víctimas eran mendigos, niños sin techo y vagabundos, entre otros indeseables; y había permitido la venta de la píldora del día después. Con ese abanico de iniciativas se había malquistado con todos los poderes que adornan desde tiempos de la colonia el sistema hondureño”.

Todos los poderosos odian a Zelaya. ¿Por qué será? Hasta los gremios y los pocos profesionales que medran en el país. Sólo nos ha faltado oír al poder farmacéutico o al de los ingenieros condenar a ese “chavista”, a ese demonio (y seguramente lo habrán hecho y entre tal barahunda no nos hemos enterado, pero puedo testificar que entre los muchos personajes que entrevisté en tierra catracha una vez traté a uno de los ópticos más privilegiados, uno de esos seres a los que gusta hacer caridad con el dinero ajeno, y seguro que hasta los ópticos se han manifestado contra Zelaya). Qué curioso, los médicos del sector público, los maestros, los campesinos, los obreros, los conductores, los guachimanes o las criadas, esos no.

Porque no es sólo la constitución de la Constitución, de las fuerzas armadas, de las religiones, de la tenencia de la tierra, de la propiedad de las maquilas, de la esclavitud del monocultivo, en tierras hondureñas lo que emponzoña los procesos electorales. Es la propia estructura demoscópica. Si cuando hablamos de El Salvador debemos referirnos al factor del éxodo que lo impregna todo, en el caso del vecino habría que hablar en términos bíblicos, tal es la magnitud de la catástrofe. Hasta el huracán Katrina, Nueva Orleáns, cuna de las bananeras, era la ciudad más grande de Honduras. Si un tercio de salvadoreños se han visto obligados a abandonar su país, ¿que parte de la población hondureña malvive aún dentro de sus fronteras?

Y sobre este aspecto también pesa el viejo dicho de que “Siempre se van los mejores”. Sin detrimento para aquel que ha conseguido con enormes esfuerzos ganarse su sustento en el lugar que le vio nacer, todos los especialistas concurren en que la mayoría de los emigrantes suele ser, por razones obvias, parte de los grupos más emprendedores de la sociedad. Primero se van los hombres, luego las mujeres (atrás quedan muchos niños para crecer en manos de las abuelas o de vecinos, alimentando a las pseudo familias armadas que les van a reclutar, pero eso ya lo tocaremos otro día). Siempre los más decididos, los más sanos, los más preparados, los más luchadores y, porque no decirlo, los que tienen más suerte, son los que consiguen atravesar el infierno y llegar al otro lado.

Y, como en lo que respecta a las comunidades de salvadoreños de Miami, de Los Ángeles, de Houston, también para Lousiana, para Texas, para Nuevo México, van los hondureños más inquietos, los más despiertos, los más osados. ¡Qué sangría constituye para una nación ese goteo que, como en una película de terror de la que van desapareciendo los protagonistas, un tercio de lo más vital de una sociedad se desprende para ir a alimentar con su trabajo, con su sudor, con su esfuerzo y con su alegría a otra!

Como en El Salvador, se van todos. Los ricos exportan sus capitales offshore, donde nadie pueda tocárselos o gravarlos, amplían sus estudios en las universidades de la Ivy League o se van de shopping o a esquiar. Las clases medias, los creativos, los artistas y las élites intelectuales se fueron ya, amenazadas en una época, desangeladas ante el panorama  en ésta. La clase obrera y el campesinado llevan emigrando desde hace un siglo, primero al norte de Honduras y luego a las grandes ciudades y los interminables campos de California. Y el lúmpen… hasta los pandilleros se curten y adquieren experiencia internacional en presidios estadounidenses hasta que los deportan de nuevo al origen para aplicar sus “conocimientos” modernizados. En Honduras, aún más que en El Salvador, ya sólo quedan o los muy valientes, los muy comprometidos, o los que no tienen otro remedio.

Y como en El Salvador, de entre todos los ausentes. todos aquellos que no tienen los recursos con los que cuentan unos pocos generalmente pudientes y conservadores para volver de vez en cuando, cuando se produce una convocatoria electoral, NO VOTAN (¡para cuando, Mauricio, para cuándo esa reforma base de todas las demás!).

Como en El Salvador, los menos susceptibles a presiones, a clientelismos o amenazas, los más críticos, los más independientes, algunos de los más formados, los que menos miedo tienen, más de una tercera parte de la población, no está llamada a las urnas, su opinión, pese a que mantienen a sus poblaciones de origen, ni interesan ni convienen.

En un ejercicio de eurocentrismo hipócrita, intelectuales de poltrona se desgañitan por todo el Viejo Continente contra la manía reeleccionista que como un virus recorre Latinoamérica, arrinconando discretamente el hecho que todos ellos han saludado en su momento a “estadistas” como, por ejemplo, el ultraconservador Franz Josef Strauss que lideró desde 1945 y fue primer ministro de Baviera desde 1978 hasta su muerte en 1988 (diez años); los jefes de Estado franceses, que con sólo dos mandatos acumulan doce años; uno de los mejores presidentes de Estados Unidos, Franklin Delano Roosvelt (de 1932 hasta su 1945, cuatro mandatos, sólo interrumpidos por su fallecimiento (13 años); el social-liberal Felipe González, cuatro mandatos, cuatro, desde 1982 a 1996 (catorce años); o nuestro único, nuestro inefable, nuestro entrañable Yoda particular, el presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, ¡seis mandatos y 23 años al frente del gobierno!  Por no decir lo poco que se molestan ante la pervivencia de jefes de Estado no elegidos democráticamente como todos los monarcas (la Reina de Inglaterra, ¡47 años al frente de una marea de Estados, muchos de los cuales incluso son republicanos!) o el Papá. Lo que es bueno para nosotros es malo para los demás. ¿Es que, como Franco con los españoles, los americanos “son como niños” o “no están preparados”? ¿No resulta esto como mínimo insultantemente paternalista?

No, en Latinoamérica lo más grave no es el reeleccionismo, por desagradable, poco elegante o síntoma de un gran complejo por parte del caudillo de turno que resulte. Son los múltiples obstáculos políticos y militares, legales y jurídicos, económicos y empresariales, sociales, educativos y culturales que fundamentan la desigualdad y la dominación como estructura inherente del sistema los que impiden que las poblaciones expresen, libremente y sin temor a las consecuencias, su opinión y elijan a sus favoritos, de entre su propia gente si así lo deciden.

Estando las cosas así, todos saben que en las próximas elecciones, si Zelaya las legitima saliendo por la puerta de esa embajada para ocupar un trono irrelevante, para Honduras lo peor está por venir. Ese “como mínimo 50%” que apoya a Zelaya no va a tener ninguna oportunidad. Recordemos que el de Olancho fue elegido de entre las filas de la oligarquía agrícola y la caverna política con un programa de derecha moderado (en términos centroamericanos). Si no, de entrada nunca hubiera sido postulado y mucho menos hubiera llegado a la Presidencia. Otra cosa es que, en su momento y ante el panorama de un continente donde aliarse con la derecha quedaba feo, ineficiente y triste (sólo estaban Uribe, Calderón, Bush y el risueño salvadoreño), decidió poner con una pequeña parte de los intereses de su pueblo en la mira.

Zelaya salió elegido por la mínima porque su oponente hasta a la derecha le infundía pavor. Yo conozco a Porfirio Lobo, “Pepe” Lobo, el candidato de la pena de muerte que en su falsa equidistancia está irresponsablemente promoviendo El País. Micholitto es un gorila. Los gorilas al menos son antropomorfos y están acorralados, se extinguen. Los lobos, no. Hay un fondo de inteligencia cuando uno mira en la profundidad de los ojos simiescos. En los de los lobos se refleja su astucia, pero también su falta de piedad. Yo los he tratado, muchos meses sobreviviendo, internándome, compartiendo sus campos de caza. Cuando están en su ambiente natural, el club, el rancho en la playa o la hacienda en el campo, Zelaya, Machotti y Lobo parecen simpáticos sinvergüenzas. Sin embargo, en las distancias cortas su aliento se hiela, su sonrisa acerada se convierte en el rictus del depredador. Pierden todo interés humano, sólo se enfocan en su presa. Y su presa, como en el caso del Mayor, somos los demás.

Con seguridad, Porfirio Lobo ganará las elecciones del 29. ¡Pobre Honduras! ¡Pobre Istmo! Panamá, la perdida rebelde de arrabal que vuelve al redil de los corderos por el deslumbre de los oropeles de un seductor millonario. Nicaragua, en las garras de un sátrapa enloquecido que cual Ceauescu tropical hará que el nombre de la izquierda quede maldito para mucho tiempo, el aliado con la Iglesia más cruel que cual Ceaucescu tropical  prefiere dejar morir a una niña (qué no sabrá el de tocar a las niñas) antes que permitirle viajar para realizarse un aborto terapéutico. México, en llamas. Guatemala, estupefacta. El Salvador, atenazado, donde un rumor, unos susurros, son capaces de cerrar escuelas y provocar pánicos. Como sospeché en su día, parece que haya una fuerza oscura que está intentando recuperar la región… ¿para qué? ¿Para quién?

Quiere la tradición que el 12 de septiembre de 1502, al salvarse de un huracán cerca de la costa de la Mosquitia, el Almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón, exclamase “Gracias a Dios salimos de estas Honduras”. Desgraciadamente, la realidad que se encontraron llevó a los invasores a adoptar el último de los términos empleados (y no los tres primeros como el agreste cabo hondureño o la preciosa colina entre las fronteras de Guatemala y México que ostentan dicho nombre).

La extraña transformación de Zelaya de lobo-hombre a ser humano constituyó una ocasión totalmente inesperada para que el Estado más atrasado (en Haití el Estado no existe) del hemisferio tuviera una oportunidad de salir de esas honduras. Ahora esa esperanza yace pisoteada y rota en pedazos en las calles de Tegucigalpa.

La comunidad internacional no puede, no debe, aceptar  ningún tipo de triquiñuela de cara a la galería o sentaran un precedente de aceptación de la violencia que creíamos por fin erradicada de la historia ya de por sí sangrienta del continente. No se puede votar en libertad, y sobre todo, en conciencia, en unos comicios precipitados y amañados, rodeados de fusiles y megáfonos estridentes. Quieren una carrera electoral acelerada, circunscrita a los candidatos de la costra oligárquica, ensordecedora de las opciones políticas y sociales de fondo, para olvidar y sepultar cuanto antes el período aperturista del que consideran un traidor para sus intereses de clase. Al contrario, si se presiona para que negocien, no debe de ser sólo para reponer a una figura aislada, sino para dar tiempo, si hace falta retrasando un año la convocatoria de elecciones, dar recursos para la adopción de estrategias y construcción de alternativas por parte de todos los agentes sociales, esquemas para la eliminación del caciquismo y para estimular la participación política de los desfavorecidos. En resumen, recuperar el tempo para que, por encima de los chillidos de los politicastros y los ladridos castrenses, la población pueda ponerse a pensar, a reflexionar sobre lo sucedido, a organizarse, a debatir de manera civilizada y sin exclusiones, y a comenzar a repartir. No se puede demorar más, ya se han pasado siglos acumulando. Hay que comenzar a repartir. Para que algún día no sólo puedan votar, sino que vayan volviendo los ausentes, y puedan proclamar a los cuatro vientos: “sí, yo soy de Gracias a Dios, Gracias a Dios yo soy hondureño, Gracias a Dios yo soy salvadoreño, Gracias a Dios yo soy nicaragüense… Gracias a Dios yo soy Centroamericano”.

(8) Comentarios

Caro C | 2009-11-13 15:29:19

Dos columnas en una. Interesantes ritmos. La primera: profunda como zampoña. La segunda: un molto allegrisimo con giros juguetones que obran de maravilla en el lector. Felicidades.

???????????????????? | 2009-11-13 19:59:58

lo que veo absurdo es como mientras honduras realizara elecciones y se ande buscando como deslegitimar el proceso en lugar de ayudar para que sean totalmente libres y pluralistas, mientras que de la unica dictadura totalitaria que existe (por el momento) en el continente que es Cuba ya no se dice nada. Zelaya paso por encima de las leyes hondureñas, quiso pisotear la constitucion para imponer una al estilo chavista, no lo dejaron, lo destituyeron de la peor manera, ahora anda haciendo teatros tragicomicos esperando que todos le tengamos compasion, ¡para fuera presidente corrupto!, quienes deciden su futuro son los hondureños no la comunidad internacional

carolina | 2009-11-14 19:12:07

es una m...  todo esto que estamos viviendo

Iñaki | 2009-11-16 04:15:47

Sobre profecias Mayas y de otros... http://ia-grammata.blogspot.com/

Miguel | 2009-11-24 15:08:01

este musulman que escribe todavia nos quiere dar atol con el dedo. regresate a iran, alli estaras mejor
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