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.TAMAÑO DE LETRA
Elba y el gran tabú (Lo que Lula no quiso)

Última actualización: 25 DE FEBRERO DE 2010 10:58 | por José Iglesias Etxezarreta

 Hace bien poco, el 16 de noviembre, se cumplieron veinte años de la ejecución a sangre fría por parte de militares salvadoreños de Elba Julia Ramos, de su hija Celina y de seis jesuitas a los que atendían en el recinto de la Universidad Centroamericana de San Salvador.  Lo pongo así porque normalmente se invierte el orden, con una soterrada jerarquía de “importancia de las pérdidas” según su relevancia social o icónica, una ordenación que incomodaría hasta al propio Ellacuría, pese al reconocido ego del sacerdote vizcaíno.

 

El escalofriante hecho sangriento, el miedo que debió sentir al oír los disparos, el desamparo como madre al ser segada por una ráfaga mortal, justo antes de conseguir abrazar protectoramente a su hija, la hace protagonista de la memoria, si bien secundaria para medios e historiadores hegemónicos. Aunque prefiero tratar de imaginar otros recuerdos. ¿Cómo sería en 1960 cuando conoció a su esposo Obdulio Mariset, caporal de una hacienda en Santa Tecla? ¿Cuál no sería su inmensa alegría al dar a luz a Celina en 1973 tras la pérdida de sus dos primeros descendientes varones? ¿Su ilusión, cuando entró a trabajar como cocinera en el teologado de Antiguo Cuscatlán, en 1985, y cuando en 1989 Obdulio consiguió empleo como jardinero para cuidar del mismo césped que pocos meses después acogería los fluidos de los cráneos de los curas, reventados por las balas asesinas, como reflejan las crudas fotos que atesoran sus herederos en el campus?

 

Y, de Celina, ¿cómo no pensar en las imágenes luminosas que pueden abrirse paso y borrar la figura rota a la que dispararon a boca de jarro en el corredor y que pervive, en un blanco y negro que chorrea sucio rojo, en nuestras retinas desde aquella fatídica noche? Con 16 años, había dejado el equipo de baloncesto del instituto porque había obtenido una beca para estudiar bachillerato comercial y necesitaba asegurarla con buenas calificaciones, y planeaba comprometerse con su novio al mes siguiente. Imágenes luminosas, pequeñas vidas, con sus alegrías y sus sinsabores, como las nuestras, como refleja la sucinta y sentida biografía (http://www.uca.edu.sv/martires/elbaycelinaramos.htm), briznas del pasado a las que se aferra la UCA, la única referencia a esas dos mujeres humildes como personas, un copo de nieve en medio de la avalancha, no digo que no merecida, de documentos, libros, fotografías, películas, legajos y referencias sobre la muerte de los seis hombres blancos.

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Porque en esta sociedad mediática y “estelarizada” (precioso anglo-neologismo en boga) todo tiende al olvido deliberado, la ocultación, la invisibilidad provocada de la gran mayoría de la población y de las verdaderas preocupaciones que les aquejan, y que, paradójicamente, son mucho más graves que las que entretienen a los próceres y a sus voceros. En las alturas, y en las portadas de los periódicos, se desgañitan sobre Cuba, Afganistán, Chávez y Micheletti, mientras a la gente le agobia el desempleo y la carestía de la vida, la falta de oportunidades y endeudarse de por vida con el coyote, la asfixiante violencia. Recuerda presidente que, como canta Manu Chao “por el suelo camina tu pueblo”.

 

Empleo puede que no, pero lo que el Estado puede y debe asegurar es sanidad, vivienda, transporte y seguridad, lo que en palabras de Juan Arias (El País, 15 de febrero de 2010, Después de Lula, ¿qué? ) vendría a ser “(...) lo que Lula comenzó y no quiso o no pudo llevar a cabo, y en mejorar aquellos campos en los que los ciudadanos se sienten frustrados y aún insatisfechos, como educación, sanidad, seguridad ciudadana, reforma política, reforma fiscal y lucha contra la corrupción, sin contar la aún gran injusticia de Brasil: la tremenda disparidad entre ricos y pobres, entre blancos y de color, entre escolarizados y analfabetos”.

 

No sé si el Estado debe implicarse en la producción de artículos de consumo como tejanos o zapatillas deportivas, pero lo que sí que está quedando claro con lo que está cayendo, con el desarrollo de la monstruosa situación económica actual, donde se alternan interminables filas ante las oficinas de desempleo y cientos de miles de hogares desahuciados, con obscenos bonos multimillonarios a sus responsables, lo que ha quedado meridianamente probado es que no se pueden dejar en manos del mercado los servicios realmente importantes. El desastre de la sanidad en Estados Unidos (trigésimo séptimo lugar en el mundo), los precios astronómicos a más de 1.000 euros (más que un salario medio) el metro cuadrado de la vivienda en España o el caos del transporte en El Salvador ponen en evidencia la criminal ineficiencia del mercado. Un panorama de nubes de gases tóxicos, conductores embriagados o literalmente molidos por las circunstancias laborales, más familias desgarradas por la imparable acumulación de cadáveres y lesionados en los arcenes y cunetas de carreteras y calles que por los efectos de la violencia, como mínimo una de cada diez camas hospitalarias ocupadas constantemente por traumatismos evitables producidos por la circulación… ¿Y se extrañan de las recurrentes epidemias de graves afecciones respiratorias en un país con un clima tan agradable y moderado como éste? ¿Qué se haya convertido en la primera causa de muerte nacional?  

 

Pero de las tragedias de los pobres no se habla, como tampoco de la “renta” que se ha de pagar para salir o entrar de ciertos distritos, y que corta a la mitad los ya magros ingresos de los que se desplazan por rutas de un sistema radial (distrito de origen-centro-distrito de destino, y viceversa) arcaico pensado para suministrar la mano de obra según las necesidades de sus empleadores, lo que lo encarece y hace interminables los desplazamientos de los empleados, de paso retornando en billetes de bus parte del importe de los salarios a las manos de los propios empresarios que se benefician del mismo. ¿Qué queda de un ingreso de tres a cinco dólares diarios cuando se entrega medio a la mara y más de uno a esa otra pandilla, la de los propietarios de las ruedas (en El Salvador muchas veces esta expresión no es metafórica, muchas de las unidades que circulan, literalmente y a duras penas son poco más que un frágil contenedor móvil sobre cuatro ruedas)?

 

Y de nada de esto se habla, porque los afectados, pese a ser muchos, la mayoría, no importan socialmente, y porque los beneficiados, curiosamente, han conseguido colocar a uno de sus representantes en cada una ¿y todas? las facciones parlamentarias (en otros países existen lobbies, grupos de presión sobre los cargos electos para hacer triunfar sus intereses, incluso profesionalizados, mientras que en El Salvador, de nuevo, tomamos una aproximación más idiosincrática al problema ¿necesitamos influir en un diputado?, que mejor manera que hacernos elegir como uno).

 

Sólo mencionar el término “racionalizar”, incluso antes que el perentorio de “nacionalizar”, levanta escándalo y ronchas en la sensible piel de estos parásitos y sanguijuelas que viven exprimiendo el futuro y la salud de su pueblo, y que están dispuestos a llegar muy lejos, incluso a la coacción y a la violencia para defender unos privilegios casi coloniales.

 

No es cierto que “el mercado proveerá”. En los mejores sistemas de transporte, el sector privado interviene lo mínimo (véase la degradación de la mejor red ferroviaria y de la mejor estructura de salud pública, ambas del Reino Unido, tras la privatización acometida por la ¿hoy? senil Margaret Thatcher). No es el pasaporte europeo o la visa estadounidense el papel que me convierte en un ciudadano con derechos. Mi certificado cívico es el pase por diez viajes del bus y metro públicos, el que me dice todos los días que vivo en un sistema de convivencia, donde millones de personas pueden moverse juntas, rozarse, cruzarse e incluso tropezarse el uno con el otro o darse algún topetazo por algún frenazo ocasional, sin que jamás se produzca un conato de violencia o nunca estalle un motín. Sitúense en cualquier intersección del mundo, especialmente del Tercero, y a ver si pueden decir lo mismo, o simplemente mantenerse en pie o respirar, en medio del caos, de la neblina, de la agresividad de unos pocos cientos o miles de conductores encerrados en sus leoneras de letal acero y soledad, temporalmente privados de la máscara que cubre al simio vociferante que fuimos.

 

Volvemos a lo de siempre. En un mundo de mensajes instantáneos y poco attention span, capacidad de concentración, no recurriremos a imbricadas construcciones filosóficas para hacernos entender: en los términos zapatistas de nuestra anterior contribución, paz, trabajo, dignidad; u, hoy, educación, sanidad, vivienda.

 

Tuve la suerte en 1994 de acompañar un anochecer algo sofocante, aunque con una brisa vivificadora que provenía del Océano Índico, a Nelson Mandela en un corto tramo del trayecto entre Durban y Port Elizabeth, durante la gira de campaña de las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica. Aproveché la increíble ocasión que me brindó the old man para preguntar a esos ojos densos, brillantes y profundos si, tras la caída del “socialismo real”, el capitalismo de Estado, de la Unión Soviética, había alguna posibilidad de alcanzar “la paz, el socialismo y la libertad” por las que había sacrificado  toda su vida. ¿Aunque no sea eso, podremos garantizar “educación, vivienda y sanidad para todos”, abuelito Madiba? Nunca acabó de contestar, pero su mirada sincera, directa, penetrante, me indicó que no, que ni siquiera él, que puedo jurar es tan grande como su leyenda, podía enfrentarse a los poderes que son para asegurarlo.

 

Mandela hizo mucho, sobre todo, con su ejemplo político en un continente de sátrapas malinchistas, pero no pudo conseguirlo. Lula “no supo, o no quiso”, como dice el artículo de Juan Arias.

 

Hoy y aquí, no exigiremos cambios revolucionarios. Nos conformaríamos con cosas tan sencillas e inocuas como: sanidad, educación, vivienda, transporte. ¿Qué dificultad real existe que no sea la codiciosa avidez por enriquecerse de una minoría y el poder real para defender este estado de cosas mediante las fuerzas armadas y, lo que es peor, las mediáticas que convencen a la propia víctima de ser el verdugo, el molesto debe de la ecuación que por su irritante existencia va a acabar con el paternal sistema de pensiones o colapsar la sanidad pública?

 

Todos sus rocambolescos argumentos (“no tenemos dinero”, “la crisis”, “envejecen, o procrean, ustedes demasiado”, etc, etc, etc, y sobre todo, “es lo menos malo” “no es posible” o “no hay alternativa”) sencillamente no son verdad. Humo de cañizal con el que tratan y consiguen cegarnos. Repito, sencillamente, no es verdad. No privatizan por eficiencia, privatizan para que unos pocos amigos suyos se hagan de plata en el proceso y otro grupo, si no el mismo, se haga de oro cobrando y limitando el acceso a servicios antes públicos y universales.

 

Nos topamos con el muro de lo que “Lula no quiso, o no supo”. Porque además de los neoliberales y los neoconservadores, los integristas, los fanáticos, cuya sola existencia parece dedicada a jorobar al prójimo, existe una gama de colaboracionistas “bondadosos”, que no parecen capaces de mirar más allá de las paredes ideológicas que han dejado que les construyan a su alrededor, y que no sirven para nada más que para deshacerse en excusas. Unos joden porque es su vocación, otros lo lamentan pero “el sistema les obliga” a joder. Estamos experimentando, con Obama, con Lula, con Bachelet, con Zapatero, una impotencia de la imaginación y una abdicación de la acción casi delictivas en lo que se refiere a sus deberes con respecto, y con respeto, de sus electores. Y lo peor es que, con su conformismo e inacción, facilitan la vuelta de a los que parece que les guste abocarnos al abismo como planeta y, mientras, al infierno en la Tierra.

 

En términos mediáticos, como no, son inmensamente populares. Deberían darse cuenta de que si los medios, que están en las mismas manos que una política auténticamente social privaría de parte de su opulencia, les jalean es por algún interés en la materia. Bachelet  lega la presidencia chilena a la derecha montaraz con el 82% de popularidad. Lula es casi Dios y, sin embargo, su heredera, Dilma Rouseff, renquea en todas las encuestas. Cuándo aprenderán que el hecho de que, en los sondeos, todo el mundo esté de acuerdo con la política que haces puede suponer que en el fondo nadie está convencido con la política que haces. Gobernar no es cuestión únicamente de ser adulado, perdón, de ser querido. Curiosamente, nos gusten o no, se ha de reconocer que frente a todas las adversidades y las enormes oposiciones de todas las superpotencias políticas y carteles económicos legales e ilegales, y pese a que los demonicen todos los medios clásicos, los modelos “fuertes” o “duros” de izquierda, los que se distinguen en lo que proponen claramente de sus adversarios de clase, como los que se personalizan  en Evo, Correa o el diablus máximus, Chávez, han asegurado holgadamente sus reelecciones y sus transformaciones constitucionales, aunque, como Mandela, tengan enormes obstáculos y puedan fracasar a la hora de hacer evolucionar las realidades socio-económicas o caer ante la tentación autoritaria.

 

Si las izquierdas pertenecientes al modelo “débil” o “blando”  siguen sin escuchar a sus constituyentes (otro anglicismo, pero éste con una significativa carga política y una gran precisión), si al final del día les interesa más Botín que Elba seguiremos el azaroso camino italiano. El corrupto, el rijoso, el incontinente en todos los sentidos, Berlusconi, no ganó. Perdieron Prodi, Rutelli, Occhetto y compañía, que fueron incapaces de ilusionar y, sobre todo, movilizar, a la mayoritaria izquierda real, que se quedó en casa el día de las elecciones, como está pasando en casi todos los países europeos, pobre Europa teñida de azul caverna, como pronto puede suceder en el Reino Unido con un marronáceo Brown, o con el amarillo pálido del errante Zapatero.

 

Con Blair y con Brown, con Obama, con Lula, con Zapatero, ¿con Funes? Por ahora y en el futuro, esperemos que no. Porque, si en el supermercado me ofrecen la marca original y la marca blanca al mismo precio, me quedo con la original. ¿Y usted?

 

Se solía decir que “no hay nada más tonto que un obrero que vote a la derecha”. Pero, ¿y si la derecha y la izquierda se han vuelto prácticamente indistinguibles? Pero es que además, parece que se ha olvidado que para lanzar un mensaje claro y distintivo, primero se debe saber a quiénes se dirige, las audiencias, y después escuchar realmente lo que nos están diciendo. Además, de nuevo, se pontifica mucho sobre el nuevo mundo que están abriendo las tecnologías de la información y de la comunicación, y no se paran a entender que, en política también, como en las nuevas tecnologías y precisamente mediante ellas, la audiencia ha dejado de ser pasiva, si alguna vez lo fue, que lo dudo. Ya no son “populares” (en el sentido de famosos) los que invocan a cada paso “La Revolución”; ahora son populares (en su acepción primera), los que participan del cambio. La gente tiene mensajes/ideas claras (e incluso comienza a abominar de los liderazgos abusivos que pueden resultar colaterales al modelo “fuerte” de izquierda). Y ya no necesita que nadie interprete la realidad que ellos mismos viven, y que los antiguos políticos, guías y mediadores profesionales ignoraban y desconocen.

 

Los “mártires dela UCA” fueron legendarios, con todo lo bueno y malo que contiene el término. Sabios y generosos. Pero ahora es la hora de Elba, de todas las Elbas del mundo (hoy tenemos el día Manu, qué se le va a hacer), que lo tienen tan claro que ni siquiera necesitan ya una élite sabia y generosa que les digan por dónde se va hacia la luz o cuáles son los problemas reales que hay que resolver.

 

El tabú era el silencio. El tabú ha mantenido a la mayor parte de la humanidad como no relevante, y en términos mediáticos como no “interesante” (en la acepción corriente y financiera del término “interés”). El tabú se va resquebrajando. La propia supervivencia de Elba, su pertinaz obstinación por seguir existiendo, va agrietando el tabú. 

 

“Silencioso y servicial, Obdulio siguió trabajando como jardinero. En el sitio donde encontró los cuerpos de los cuatro jesuitas plató rosas. En el centro colocó dos rosales amarillos, uno por Elba y otro por Celina”. Además de un amor desesperado, Obdulio Mariset tenía el don de la clarividencia: Elba y Celina ocuparon el centro. Los sabios y generosos, y ahora silenciosos, hombres ocuparon los márgenes. Testigos del florecer, del estallido estacional, de Elba y Celina.

 

Obdulio se reunió con Elba y Celina cinco años después, incapaz de superar el quebranto.

 

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(8) Comentarios

Caro C | 2010-02-25 16:34:04

Interesantísimo el párrafo al centro donde metes de nuevo a Elba. Lo demás, como de costumbre, no apto para todos. Felicidades, un grand finale aunque un tantito arrebatado eh?

MAS DE LO MISMO | 2010-02-26 09:19:37

Un articulo pobre en ideas y con mas de lo mismo, sin dudas este articulista esta terminado.

Juan D. | 2010-02-26 13:00:02

Lo que usted está pidiendo está en contra de 11,000 años de historia humana, todos los grandes hombres del mundo lo han sabido, aún con el dolor de su alma lo han seguido, el cambio siempre viene de las clases dominantes, todas las revoluciones que no han surgido de esta manera no tardan en fracasar por la poca preparación de los revolucionarios. Mandela lo ha sabido, y no es cosa de querer es poder, simplemente no se puede de otra forma. Es deprimente, pero Manu Chao es casi algo peor.

Escribe sobre Menores Infractores | 2010-02-26 14:37:51

Me gustaria que escribieras sobre menores infractores, para ver si España tolera o admite que jovenes asesinen impunemente como lo hace o permite el actual gobierno salvadoreño, que escribas de lo que escribes ademas de soso es insipido, pero ya dejate de poses de intelectual y solo bobadas escribes, la pagina deberia buscar un editorailista de mejor talante.

MARIA | 2010-03-01 17:18:56

TU ARTICULO QUEDA EN UNA GRAN VACIO,DONDE HABLAS MUCHO Y DICES POCO.. NO PIENSES QUE UN LULA,FUNES ,OBAMA TRAERAN PAZ A ESTE MUNDO,SOLO JESUCRISTO PUEDE HACERLO. TAMPOCO SUGIERAS QUE CON UN CASTRO Y CON UN CHAVEZ ES LA SOLUCION..POR FAVOR..SOLO ERES UN POETA .
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