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La perfección en un candidato o candidata no existe, pero existen niveles para poder calificar a uno en base a no ser tan imperfecto. Cualquiera sabe reconocer a un demagogo en estos tiempos, solo es necesario escucharlo, por ejemplo un excesivo nivel de promesas electorales, las cuales no pueden ser cumplidas en la realidad; fantasías en base a una estrategia de marketing político mal diseñada y propaganda barata populista.
El político demagogo es el resultado del proceso de deterioro de la democracia, producto de un desgaste desatado por estos mismos actores que convierten el servicio público en una tipo de gerencia o trabajito para obtener ganancias como primer objetivo, y no el bien común de la sociedad. En eso, radica que la política se vea como una forma de conseguir poder económico, pues cualquiera sin una visión democrática evolutiva entra a la política no por su capacidad, sino por medio del engaño y promesas fantasiosas.
Esta debilidad de la democracia se ve con más peso en los países del tercer mundo, donde los niveles de evaluación de los servidores públicos son casi nulos. No hay organismos independientes ni analistas especializados en ética política quienes puedan evaluar y filtrar candidatos de una forma desligada de los posibles efectos de la corrupción.
La corrupción es el cáncer de la democracia. Producto de un mercantilismo político radicado en la visión del sistema de exceso de lucro. El Estado es dañado y debilitado por actores que lo único que buscan es el ansiado poder para beneficiarse particularmente. De esta forma, al tener poder económico pueden comprar desde candidaturas hasta miembros de otras instituciones civiles o institucionales.
Siempre el beneficio de la duda es importante para no caer en análisis dogmáticos pesimistas. Un candidato, quien trabaja con sinceridad en base a sus fortalezas y debilidades, es lo que se debe buscar, pues en ello existe la ética del poder y la responsabilidad de la honestidad y humildad para explicar sin exageraciones sus propuestas de una forma realista.
Un candidato político es un ser humano, y, por ende, un ciudadano más del ente social, de una comunidad y de un país, con una misión de buscar el bien común hasta donde las estructuras le permitan llegar, dependiendo del tipo de democracia en la cual este trabajando.
Un candidato ético y respetuoso de los derechos humanos siempre buscará el bien común como meta en su accionar político, pues se debe a la sociedad, aunque represente a un sector determinado, sus argumentos y movimientos deben ir hacia ese objetivo. De lo contrario, perderá la confianza y terminará provocando un daño en la democracia.
Así mismo, la sociedad civil debe educarse para diferenciar las oscuras estrategias y movimientos de oportunistas para limpiar el sistema cuando ha sufrido una contaminación de elementos de una conducta personalista que dañe el sistema democrático por medio de la organización y presión social de acción.
El sujeto político, que forma parte de una sociedad, necesita argumentos éticos para poder tener un eje de conducta como candidato. Una persona con la responsabilidad de la administración de una entidad pública, de servicio social, debe tener la mayor integridad que sea posible y un hondo sentido de la existencia de la realidad social (no solamente por libros), ya que sus funciones son circunscritas a su trabajo con el objetivo de cumplir con lo prometido hacia los sectores de la sociedad.
Cuando un funcionario contrae el deber con su nación para ejercer un puesto público, tiene una responsabilidad, pero sí engaña por medio de actos de corrupción, afecta a la sociedad, pues termina deslegitimando la misma democracia y las herramientas que lo llevaron a un rol público. Si posee conciencia del bien común, no tendrá motivo para realizar cualquier acto ilícito. Al contrario, usará la transparencia para ejercer su labor.
No es de esperar que los candidatos sean iluminados por la perfección, pues esta es producto de la propaganda. Es de esperar que los electores tengan la capacidad de saber que un buen candidato no es aquel que trasmite la receta perfecta para solucionar todas las situaciones que afectan a un país. Hay una diferencia entre la política del poder y la política con ética. Aquel que aplica la segunda dará el paso para mostrar que sí se puede ser un funcionario público realista.
Quien sea el primer político en lanzar la primera piedra y destapar la realidad, actuando con la política ética, podrá considerarse el candidato correcto, pues capaz se llegue al momento que la misma sociedad exija ocupar el polígrafo para conocer las verdades y mentiras, y de esta forma sacar del escenario democrático a los mercaderes de la democracia.
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Uhmmmmm | 2012-04-28 15:00:07
Un militar necesitamos | 2012-04-27 10:25:09
En la vil calle | 2012-04-25 17:50:53
Deberian mandarle este escrito a los politicos. Estamos en la vil calle. Esta mara piensa solo en sus huesos.
william | 2012-04-24 11:25:41
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