| Editoriales | La opinión de Cuty Dardano |
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Es difícil cuestionar el significado real de la palabra “cambio”, es un acto que necesita de una espera, para lograr que algo ha cambiado quiere decir que ha transcurrido un tiempo, que es distinto a lo anterior, y en otros casos que ese cambio puede significar el mismo regreso al punto de partida, porque las cosas se han empeorado tanto que es mejor tener ese cambio y buscar en el inicio, y es aquí adonde realmente quería llegar.
La humanidad está en constante evolución, en cambios necesarios y vitales que hacen posible que se transforme nuestro hábitat, nuestras conciencias y el ser humano. En estos momentos existe una crisis de valores entre las personas que se refleja en naciones y gobiernos, como diría Borges: “lo que hace un hombre es lo mismo que hacen todos los hombres”, han sido periodos muy serios, de penumbras ideológicas en diferentes naciones inclusive en países del primer mundo, en términos económicos y sociales, y paralelamente estamos asistiendo al resurgimiento de nuevas expresiones de lucha popular por la supervivencia quizás potenciada por esa necesidad imperiosa de la clase obrera y la desigualdad económica de las sociedades.
Todos conocemos que desde la llegada del Presidente Funes en representación del FMLN con un gran impacto de popularidad, era el cambio esperado para un país al que, sumido en la miseria y en la violencia, finalmente le había llegado el sueño. Después de varios intentos fallidos en gobiernos anteriores todos muy similares, aparecía Funes como la amenaza socialista, con el dominio en sus manos de ahuyentar a toda costa épocas de profundas frustraciones sociales, de acelerados reajustes económicos que llevaron al país a un aumento de crisis e inseguridad nacional; en lo ideológico existía el miedo al posible “cambio” en la mentalidad de la derecha, asumido dentro de un amplio espectro de posibilidades que iban de un extremo a otro, para algunos era una similitud a Venezuela o Cuba y para otros era el fin de una historia y el arribo de la utopía.
En mi caso, deposité en Funes la esperanza no solamente del cambio, que ya es una palabra manida; pensé que era el inicio de algo nuevo y distinto, en un proceso democratizador que rescataban el respeto a la diferencia y la recuperación de valores de las voces marginadas, pero como siempre ocurre en ese vaivén se implicaron las posiciones neoconservadoras de los sectores de la ultra derecha, de una burguesía dogmática y reticente a todo tipo de cambio.
Sin embargo, los dirigentes del FMLN de la misma ala conservadora saboreaban su victoria en la punta de los labios sin olvidar que el proceso a digerir es largo y costoso, no supieron entender que algo nuevo no es algo que ya existe, que no se buscan soluciones paralelas a países vecinos, como suele suceder con algo que se empieza a respirar como novedoso e irrumpe en un contexto que va mas allá de las connotaciones políticas, a su vez espantan a una clase media fácil de manipular y a una clase intelectual defensora de una visión del mundo de apertura y cuestionamiento que invita a reflexionar por cada paso que dé la izquierda ante el posible cambio, en la espera de soluciones que problematicen las relaciones con su entorno, la crisis de valores, la emigración, el desencanto social, la autorreflexión, la homosexualidad, las diferencias de religiones, y la posibilidad de las tensiones económicas en función de un mayor interés con el apoyo en la esfera de la cultura y la creación artística.
Quiero conservar mis deseos en la espera de la utopía y ojalá no me caiga encima la saliva, mi esperanzadora actitud de que un mundo posible siempre pueda ser mejor. Señor Funes, no se engañe a usted mismo, sabemos muy bien que aún no son muy visibles esos cambios que en su gobierno han ocurrido, quiero conservar la fe de que en estos dos años restantes como presidente todavía esté a tiempo, sepa dejar una huella digna, con una perspectiva social activa y trate de sellar el camino a la derecha, que busque posiciones dialécticas, que contribuya a la vigencia de un pensamiento a través de su interacción con el nuevo tiempo que le ha tocado vivir.
Hasta ahora mis argumentos han tenido ese carácter de preludio, y son admirables los esfuerzos que hace la sociedad salvadoreña con todas sus limitaciones de dependencia del Norte, con la insuficiencia de sus recursos naturales, con tantos años de espera por sentir una tranquilidad ciudadana única en la zona.
Sé que es muy difícil hacer notar una diferencia y trazar una línea de demarcación entre el sueño y la utopía, se tiene que abolir muchos rezagos del pasado, desbancar a muchas personas que frenan el país desde la médula económica, y si el cambio no fuera una realidad visible y este reenfoque del concepto “cambio” cayera adaptable a cualquier sistema o gobierno (puede convertirse en nuestra trampa, y lo que fue una “esperanza” convertirse en la indiferencia, esa similitud de contexto es adaptable a muchas conveniencias) y la palabra no significara nada cuando ha caído en el cliché, haríamos de tener presente que todos la usan más de manera descriptiva que programática.
Pero no debemos perder la confianza cuando todo en esta vida tiene solución; “mientras exista alma en el cuerpo existe la esperanza”. No hay nada más difícil que romper con el hábito, pero con perseverancia se logra, y el mito se puede cortar desde la raíz y segundas partes pueden ser mejores.
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Alex | 2012-05-02 10:47:00
felipe el bocón | 2012-04-30 14:30:35
Mariano Tobar. | 2012-04-29 12:20:03
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