| Editoriales | Opinión de Julio Villarán |
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En primer lugar, es necesario tener en cuenta que, en este proceso de elección, la democracia no funciona. En segundo lugar, hay que tener claridad de que el fin que perseguimos no es precisamente gobernar, sino tener PODER, así sea, siendo gobierno o siendo oposición. Que ser oposición también es muy digno. Continuando con estas máximas, debemos procurar un candidato que aparente ser un virtuoso y que parezca muy ético. Otras cualidades como liderazgo, planeador, negociador, tener firmeza, ser visionario, etcétera, no son requisitos indispensables, pues para ello existen las campañas electorales que nos permitirán vender el producto. Si tu producto es una mierda, no tienes más que hacer una potente campaña publicitaria para convencer a la gente de lo contrario (esta última frase no es mía, pero es muy oportuna y la robé del blog de Borjapeleato).
No hay que olvidar que el candidato presidencial debe ser varón o, en su defecto, macho probado, pues el poder lo ha ejercido el hombre desde que le pegaba en la cabeza con un mazo a la mujer en las cavernas, y no somos quienes para contradecir la historia.
Hasta aquí, hemos hablado brevemente del candidato, ahora hablaremos del proceso de su elección. Mucho debemos aprender de la más exitosa institución política sobre la faz de la tierra: la iglesia católica, claro, con las limitantes del caso, pues nunca tendremos a dios de nuestra parte. En este sentido, las cúpulas partidarias no son sino colegios cardenalicios autorizados por un poder sobrenatural a elegir al candidato que más se apegue a los intereses económicos y personales de las argollas doradas. La opinión de los feligreses no cuenta, como dijimos al principio, porque estos solo están en calidad de súbditos y deben obedecer los designios de lo más alto. No en balde hemos fortalecido con los años, a golpe de ajusticiamientos, de decretos, de descalificaciones, de expulsiones, una estructura jerárquica que limita la práctica de la democracia a los gobernados, en bien del Partido que es nuestra propia iglesia.
La libertad, igualdad y fraternidad son principios muy buenos para el fortalecimiento de un discurso que nos venda como partidos abiertos, incluyentes, en donde gobiernan los correligionarios o los camaradas, según sea el caso, pero nunca debemos tener la flaqueza de creer en estos porque estaríamos traicionando un bien mayor que es el Partido mismo. Además, estos valores democráticos son muy gustados por la plebe y ayudan a mantenerlos unidos y fieles. Por eso les llamamos voto duro, porque como el queso de esta clase, son más resistentes que el resto, a la contaminación.
Aún con todo este trabajo fino, aparecen de vez en cuando apóstatas a los que hay que darles un tratamiento especial. Como no se pueden evitar, es mejor tenerlos de la mano, ofreciéndoles pequeños reinados en donde puedan ejercer autoridad, ya sean curules legislativos, varas edilicias, carteras de estado, jefaturas en alba petróleo, pequeños cargos en la comisión política, etcétera. Y si no los hay, de estos renegados, habría que crearlos ya que ello nos permite fortalecer una imagen democrática al interior. Ah, pero hay que tener mucho cuidado con estas negociaciones que habrá que hacerlas siempre y cuando se pueda ejercer control sobre los apóstatas de la fe y no nos vaya a ocurrir que terminen en actos de máxima traición, lo cual debe ser castigado con la expulsión del partido y el descrédito, para ejemplo y divertimiento de los demás.
La fórmula entonces, para elegir a un candidato presidencial es la siguiente: a mayor ansia de poder de la cúpula, menor importancia tiene la opinión de las bases. Este resultado de la elección no deberá ser cuestionado ya que la cúpula posee el don de la infalibilidad y como tal no se puede equivocar ni tiene porqué hacer consultas. Es más, está totalmente facultada a imponer a su candidato a los demás. Esto es difícil de comprender pero es así porque es una ley superior, inasequible a la mente humana.
El cónclave ya inició en los partidos políticos, asomémonos a nuestras ventanas para presenciar la fumata y aplaudamos desde nuestras trincheras a los elegidos que ya pronto serán anunciados, así reconoceremos a los fieles de los herejes. Los apóstatas, incapaces de ajustarse a las necesidades de las cúpulas, seguirán esperando su oportunidad, aunque esta ya pasó.
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Iván | 2012-06-24 07:00:57
Julio Villarán | 2012-06-22 10:45:46
Luz | 2012-06-21 22:57:20
Malos planteamientos pero muy creativo. | 2012-06-21 08:48:06
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