| Editoriales | Opinión de Julio Villarán |
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Desde que bajaron los índices de personas asesinadas en El Salvador, a raíz de una tregua entre cabecillas de las dos pandillas más crueles y cobardes radicadas en nuestro territorio, se ha incrementado el número de desaparecidos. De eso ya hace más de cien días. Casi el 50 por ciento de estos, según el ministro David Munguía Payés, ha sido encontrado con vida y rescatados. El otro tanto, aún son buscados por parientes.
Sería imposible escribir la congoja de un desaparecido sin que el texto termine siendo un cuento de terror. Y qué decir de la angustia de sus padres, parientes y amigos. El caso más reciente y que fue de interés nacional, ha sido el de la atleta Alison Renderos, de quien se encontró su cadáver luego de casi un mes de que se reportara su desaparición. La última vez que fue vista con vida, salía de una competencia en su centro educativo en la ciudad de San Vicente. Luego, no se supo nada hasta el día en que alguien reportó el hallazgo de un cuerpo desmembrado en un cañaveral de un cantón de aquella ciudad. Luego de las pruebas de ADN se determinó que, efectivamente, el cadáver era el de la joven deportista, promesa nacional de la lucha libre.
El ministro de seguridad expresó por aquellos días, su preocupación por el número de desaparecidos, pero cree que no existe un repunte de casos y que las cifras no son las que se han dado a conocer a la sociedad, pues ocurre que la gente registra a sus familiares desaparecidos pero cuando aparecen, ya no se presentan a retirar la denuncia. De hecho, el presidente Funes tildó de irresponsable al titular del departamento de Medicina Legal por revelar datos sobre estos casos, sin estar autorizado para hacerlo. En la oficina del doctor José Miguel Fortín no dieron marcha atrás en el número de víctimas registradas y dadas a conocer a la prensa. Ahora ya muy poco se habla de esto.
Al finalizar la guerra civil, luego de 75 mil muertos y de ocho mil desaparecidos, muchos creímos que la paz retornaría a nuestras casas y que las masas irían al campo, a la fábrica, a la ciudad, en busca de trabajo y que el país saldría adelante, como ocurrió a muchas naciones luego de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, este momento nunca llegó, por el contrario, nos enfrascamos en otra guerra alimentada por nuevos odios, cada vez más absurdos, y que parece no tener fin. Las víctimas siguen siendo jóvenes, sobre todo mujeres, y todas las políticas de seguridad han fracasado hasta el momento. La única mediación que ha valido en esta nueva crisis, ha sido la de monseñor Fabio Colindres, quien batalla con sus propios demonios por sostener una tregua entre las maras 18 y Salvatrucha. Colindres es un hombre de fe, formado bajo el cuido de Monseñor Oscar Barahona, a quien algunos consideran un místico medieval.
Muchos no creen en este proceso (“son cuatro gatos”, fue como se refirió monseñor Colindres, en un arranque de flaqueza a los detractores de su proyecto pacificador) y creen que lo que existe detrás de todo esto, es un plan de Munguía Payés que se decidió sentarse a negociar con los asesinos y que el gobierno de Funes ha utilizado al religioso y al ex comandante guerrillero Raúl Mijango para llevar a cabo la promesa del ministro de seguridad, de reducir en un 30 por ciento los homicidios. Lo cierto es que de la noche a la mañana, se dejaron de contabilizar muertos y las cifras bajaron de dieciséis a seis diarios. Para Colindres es un milagro y yo le creo a él.
Pero hay otra verdad que tampoco se puede silenciar y que es el motivo de este artículo: mientras escribo esta nota, una madre busca a su hijo o hija en hospitales, clínicas y morgues. Y las autoridades siguen teniendo contradicciones respecto al número de desaparecidos por lo que no podemos sino especular.
Posdata: a raíz de escribir esta columna, no he podido dejar de pensar en que antes existía en la guardia nacional un macabro libro llamado “el libro de Caín” en donde estaban los nombres de las personas que morirían por sediciosos. Mi madre buscó ahí el nombre de su hijo y no lo pudo localizar jamás, desde 1982.
juliovillaran@gmail.com
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Alex | 2012-06-30 18:35:52
TODO ES POSIBLE PARA EL QUE CREE..... | 2012-06-29 16:35:24
Mons. Colindres tiene una canción inspirada que se llama TODO ES POSIBLE PARA EL QUE CREE, muy preciosa por cierto. Lastimosamente estamos tan laicizados que Dios es un mito, un cero a la izquierda, en este problema. Mientras no reconozcamos el "poder de Dios", seguirán las especulaciones y porque no decirlo "las muertes de los inocentes". Solo recuerdo la pelicula de Cantiflas titulada SU EXCELENCIA, donde aparecen escenas donde hay debates entre diplomáticos, pero afuera en la realidad, las guerras y protestas no paraban. Es una lástima que no se entiendan esos mensajes.
Rafael | 2012-06-29 08:34:44
JUAN PEREZ | 2012-06-28 13:20:34
carlos | 2012-06-28 09:18:40
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