| Nacionales | En el Día para la Prueba VIH/SIDA |
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Karla Hernández es el vivo ejemplo de que es posible tener una vida sana y conformar familia siendo portadora de VIH. La situación fue complicada desde que le diagnosticaron la infección en su primer embarazo y luego la muerte de su esposo por una fase avanzada de SIDA. A pesar de las dificultades, con el tratamiento adecuado Karla ha logrado ser madre de un segundo hijo.
Karla Hernández, de 35 años, fue diagnosticada de VIH cuando tenía 20 y con ocho meses de embarazo. En 1997 el tema no era conocido a profundidad y su médico tampoco le insistió en medicarse. Por esta razón, desafortunadamente, su primer hijo es portador de VIH.
“Cuando me informaron que tenía la infección yo no sabía qué era y no me dieron mayor seguimiento. Por eso pensé que no era grave, pero cuando nació mi hijo me dijeron que era portador”, comentó.
Al saber exactamente de qué se trataba, Karla dijo que dijo que fue un golpe fuerte. Por eso decidió informarse sobre la infección e iniciar el tratamiento para su hijo. Desde entonces, se encuentra en control médico en el Centro de Excelencia para Niños con Inmunodeficiencia (CENID), del Hospital Bloom.
Con el paso del tiempo se recuperaría del desconsuelo y le haría frente a la situación. Tres años después, Karla y su esposo decidieron tener su segundo hijo.
Planificación
Para el 2000 no había un protocolo estricto de atención en el embarazo para madres seropositivas, pero sí un procedimiento de cesárea. “Mi segundo hijo tuvo que ser planificado. No había opción de tomarse el medicamento 44 semanas antes, sino hasta el nacimiento”, comentó.
Le administraron antirretrovirales antes y durante la cesárea. Después del nacimiento, debió dejar a su bebé en el hospital durante ocho días. Le realizarían el tamizaje para verificar los niveles de VIH y tratarlo con antirretrovirales para expulsar el poco virus que llevaba en su sangre.
Karla sabía que los medicamentos administrados para prevenir la transmisión durante la cesárea o el embarazo no son totalmente efectivos, pero guardó la esperanza de que su segundo hijo naciera sin el virus.
También debió evitar dar de mamar a su bebé para evitar transmitirle el virus por la leche, ya que es una de las causas más preponderantes de transmisión. “A mí no me afectó no darles de amamantar. Desde mi primer hijo no les he dado pecho a ninguno porque mucho duele. He preferido que sea así”, dijo.
El hospital le brindó formulas parecidas a la leche materna para aportar a la nutrición del bebé en los primeros meses.
Cuatro años después de mantenerse en control médico y administrarle más antirretrovirales como bebida, de manera cronometrada, se les informó que su hijo no tenía ninguna señal de portar el virus.
Un golpe más
Tres años después, su familia recibiría un golpe más fuerte: la muerte de su esposo. Por años, le realizaron pruebas de salud para diagnosticar su enfermedad, pero la
prueba de VIH fue la última en realizarse cuando la fase avanzada de SIDA no tenía vuelta atrás.
“No había mucho que poder hacer, ya no podía hacerse la terapia. Desde entonces, yo he tenido que tomar las riendas del hogar, sostener a mis hijos, tener un trabajo que me ayude a sacar adelante a mis muchachos”, comentó Karla.
Ese sería el momento en que ella decidiría tratarse y trabajar como asistente social de la Asociación Atlacatl. “A raíz de la muerte de mi esposo pensé en el bienestar de mis hijos y que no me fuera pasar algo a mí, para no dejarlos solos. La asociación me informó de qué se trataba la infección y me brindó la oportunidad de trabajar con ellos”, agregó. Ahora también es representante de la Red Centroamericana de Personas con VIH (RedCa+).
En busca de su tercer hijo
Años más tarde, Karla se casaría por segunda vez. Su actual esposo es portador de VIH y ambos han logrado seguir adelante. Ahora quieren cumplir su deseo de tener un hijo juntos. “Ahora tuve que planificar, esperar las indicaciones del ginecólogo y cambiar el tratamiento del Efiven para que mi bebé no tenga malformaciones”, explicó.
Con el medicamento, Karla deberá estar en un nivel cero de infección para concebir sin transmitir VIH a su bebé. Debe estar también en chequeo constante y hacerse exámenes de sangre de carga viral CD4.
“Si tengo la carga viral en menor cantidad además de transmitirle el VIH al bebé, la madre puede tener una reactivación del virus y al tener la cesárea estar en una situación grave”, reconoció.
Por otra parte, durante la ovulación será el único momento donde puede tener relaciones sexuales sin preservativo, de manera segura para concebir.
A pesar de estas restricciones Karla se siente segura y satisfecha de recibir un control. “Me siento con plena seguridad que mi hijo no tendrá VIH. Estoy esperando que me digan si ya estoy embarazada”.
Desde su segundo mes, hasta el día de la cesárea, recibirá otro tratamiento. Luego del nacimiento volverá a su medicamento regular: “Las medicinas son parte de mi vida, me concentro en mi trabajo. Tengo una vida común y corriente”, dijo la valiente madre.
VIH en El Salvador
Karla se agregó a los 285 casos reportados de VIH en 1997. Es una de los 28,323 portadores de la infección que se acumulan desde 1984 hasta el primer semestre de 2012, según el Sistema Nacional de Salud. Es también, una de las 19,418 personas que viven con la infección y es una de las 10,131 mujeres infectadas en el país.
En su mayoría, las mujeres infectadas son amas de casa de la zona rural. La edad de las seropositivas va 25 a 29 años; de 30 a 34 años es el segundo grupo y el tercero 20 a 24. La transmisión vertical (embarazo) solo representa el 0.5% de causa de transmisión de VIH, el 99.5% se origina por la vía sexual, según el reporte del Programa de Seguimiento a los países de ONUSIDA, (UNGASS).
Tratamiento prenatal
Según el protocolo para la profilaxis de la transmisión vertical del VIH en obstetricia de Bélgica, para el año 2000 siete de cada 100 bebés nacían con el anticuerpo, 13 lo recibían durante el parto y 15 eran infectados durante la lactancia. La UNICEF reporta en acumulados, 11 mil casos.
Hasta disminuir a cero los niveles de virus en la sangre, se podrá concebir sin riesgos de transmisión al feto. Para ello deben realizarse pruebas sangre de niveles de CD4+ (glóbulos blancos) para confirmarlo. Logrado el embarazo, el tratamiento médico debe comenzar en el segundo mes.
También debe cambiarse el tratamiento para la madre porque ciertos medicamentos pueden generar malformaciones al feto. A Karla se le administraba “Efaviren” (evita que el VIH se transforme en ADN). Ahora toma “Nevirapina” (ayuda a elevar los niveles de glóbulos blancos) y “Combivir” - Azidotimidina + Lamivudina- (evita la reproducción de las células del VIH).
Durante todo el embarazo deberá tomar Nevirapina y Combivir. Luego del nacimiento, deberá volver al medicamento anterior.
“Probablemente no todos los medicamentos van a poder prevenir el VIH al bebé. El ginecólogo es quién tiene que recomendar los medicamentos para que no existan riesgos. Aún con médico particular se debe ir con el ginecólogo”, aseguró Karla.
Cesárea
La madre ingresa ocho días antes para administrarle los mismos medicamentos de manera intravenosa. Según la guía de Prevención de la Transmisión Materno Infantil del VIH (PTMI –VIH), de 2003, durante la cesárea se administrará la Azidotimidina por una hora, seguida de una infusión continua de 1mg por peso, cada hora, hasta la finalización del parto. Se ha demostrado que con la práctica de la cesárea se disminuye la tasa de transmisión, a menos de 1%.
Después de la cesárea, Karla fue dada de alta y el bebé ingresó a cuarentena (ocho días) para realizarle varias pruebas, como el CD4+ y el tamizaje para indicar si posee VIH.
El bebé deberá tomar el mismo medicamento durante tres meses después de la cesárea. También Azidotimidina por siete meses para expulsar el poco virus que
puede estar en su sangre. “Si le daba los medicamentos según las horas indicadas iba a desarrollar sus propias defensas. El tratamiento es líquido hasta 7cc. Se le administra al bebé o en la pacha dependiendo el tipo de medicamento”, reconoció ella.
La lactancia es prohibitiva para evitar una infección directa. También deberá mantenerse en control médico durante los primeros cuatro años de infancia hasta que se diagnostique cero anticuerpos.
Cero transmisión vertical
En 2012, el Programa Nacional de VIH/SIDA en el país reportó cero casos de transmisión vertical en el sistema nacional de salud. En el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), se reportaron tres casos.
“Uno de cada 100 bebés podría nacer con la infección, porque la madre no tuvo un control o desconocía el tema”, aseguró Karla desde su experiencia como asistente social.
El promedio diario de Infección se ha reducido de seis a 4.5 por día. La prevención es un tema clave para continuar disminuyendo el porcentaje.
Karla es la viva muestra que aún con el VIH, pero con un control adecuado, puede llevar una vida común y puede formar también una familia.
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La medicina lo hace posible | 2012-07-07 00:14:48
para francisco | 2012-07-06 14:20:39
francisco | 2012-07-05 14:26:30
Guadalupe Calderon | 2012-07-05 01:25:23
Paty | 2012-07-04 08:49:32
que lindo va a ser??? | 2012-07-02 14:03:11
MRMR | 2012-07-01 16:50:59
lestad exelente comentario !! | 2012-07-01 08:31:02
Cuidate del puterismo. | 2012-06-30 19:18:11
SAUL DESDE LOS ANGELES CALIFORNIA | 2012-06-30 16:05:04
Juan José Reyes | 2012-06-30 12:30:50
Eduardo Jimenez de Reyes | 2012-06-30 11:36:50
Lestad | 2012-06-30 11:11:13
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