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El Zurita, en el centro de San Salvador, es más bien conocido por los bares y burdeles donde se concentran prostitutas a la espera de los más inesperados clientes. DIARIO LA PAGINA hizo un recorrido por el área, cuyos personajes y sus historias parecen congelados en el tiempo.

El tiempo parece detenerse entre las calles del centro de San Salvador, los antiguos edificios, la Plaza Libertad… El Zurita, conocido más por sus bares y burdeles que por sus construcciones antiguas que aún sobreviven al tiempo. La zona alberga varios bares y prostíbulos que son muy frecuentados por hombres de la más diversa índole quienes buscan compañía.
Son las doce y media de la tarde. La primera parada es solo un preámbulo a las historias que rondan entre cantinas, prostíbulos, cervezas y música. “Qué le damos amor, pase, a dónde se quiere sentar?”, pregunta una figura bien parecida que se acerca a la puerta.
Minifalda a cuadros, una blusa negra de encaje bastante ceñida al torso. Sus facciones no pueden esconder los rasgos masculinos tras el maquillaje, se trata de un transexual.
“Hola! Buenos días, una cerveza por favor”, saluda el visitante y mientras toma asiento en las mesas viejas de madera, un gato “tigriado” se pasea y se roza entre las piernas de otros hombres que recién llegan al lugar por algo más que una bebida.
El sitio no es de los mejores. Un color verde manzana desgastado contrasta con el techo de varitas de bambú, láminas viejas y las paredes aún de bahareque, lucen como quemadas por un incendio.
Frente a un televisor, viendo la novela “María la del Barrio”, está “Caro” un travesti que además de ser la dueña del lugar también es la administradora -Caro ríe y solloza la infelicidad de la protagonista, como sintiendo sus penas- y mirando de reojo a sus compañeras que se acomodan en el lugar.
La vida no es fácil
Luego de unos segundos llega la cerveza, pero no viene sola.
Mary se presenta en el lugar. Es una mujer desgastada por los años y el oficio le indica que debe pedirle al cliente que le invite a una bebida. El hombre la interrumpe “sólo si se sienta acá conmigo".
La mujer tiene 46 años, entre risas recuerda que su primera cerveza la tomó cuando recién cumplía los 15 años y la puso “bien bola”, pero con el tiempo aprendió a no emborracharse con dos, explica.
Ella llegó hace 12 años desde San Miguel, con la idea de encontrar un trabajo estable en la capital, pero no recuerda bien cómo es que hizo de los bares su oficina y de su cuerpo su machete, “la necesidad y las ganas de salir adelante”, dice.
“Tengo mis clientes que siempre me buscan, pero ya con los años uno se cansa. No es fácil… la gente piensa que esto es fácil y no es así, muchas veces tenemos que lidiar con algunos hombres que se ponen violentos y lo menos que queremos es meternos en problemas con los clientes”, explica entre risas y nervios.
Mary recibe entre $4.00 y $5.00 por cada cliente que atiende, no importa la demora para hacer su trabajo y cuando los clientes son un poco más exigentes la tarifa sube un poco, pero no pasa de los $10.00. Por el uso de un cuarto debe pagar $1.25 al propietario del local.
“A veces solo vienen a que uno les haga compañía cuando están tomando… Ahí vienen y se están un buen rato pero tranquilos, sin pedir nada más que las cervezas y que uno platique con ellos. Hay un señor que viene todos los viernes y se está sentado en la tarde, después de tomarse las cervezas se va”, agrega.
Mary tiene cinco hijos, sólo el mayor que pertenece a una iglesia evangélica sabe a lo que se dedica y no está de acuerdo con el empleo de su madre, pero “no tiene para dónde, sino no comemos”, dice ella.
“El domingo celebramos el cumpleaños de la Caro, va a venir? Desde las seis vamos a estar aquí celebrando”, invita Mary al cliente. Y la plática es interrumpida por la música de la rokcola “Por las buenas soy buena, por las malas lo dudo, puedo perder el alma tu desamor pero no la razón…”.
Mientras la música de despecho suena otra de las trabajadoras llamada “Kahory” regresa a la mesa de al lado para continuar seduciendo a su acompañante, un hombre de aspecto sencillo que prefiere la zona más oscura para no dejar en evidencia su gusto por los transexuales. Mary le dice al cliente que puede pasar al salón de a la par por si no le gusta la música, “es lo mismo”.
“Va a tomar algo amor?”, dice otra mujer desde otra mesa. Esta es “Alma”, amiga desde hace años de todas y además socia de Caro, ambas pagan el alquiler de la renta del local. “Es lo mismo –dice la voz que no esconde el tono masculino- aquí las dos nos ayudamos, si a mi se me acaban las cervezas yo le compro a ella o si a ella se le acaban ella me las compra o nos mandamos los clientes”.
Pastel, niños y gatos
Es curioso más no extraño ver entre los pasillos o en los patios, a niños, muchos son hijos de las trabajadoras o de las dueñas y administradoras. Los chicos se mueven entre los vicios y las seducciones como en un espacio conocido, normal, sin alarmarse por lo que oyen o ven.
Un cliente decide moverse a un lugar menos ruidoso… entra a un negocio que está a unos pasos del primero. Este es más lúgubre que el anterior y luego de un par de bebidas la necesidad de buscar un sanitario es imperiosa.
Al fondo del pasillo oscuro, sin pintura se puede observar el baño. No hay opción de elegir, en el mismo lugar están el urinario al piso y al frente el retrete, el cerrojo improvisado de la puerta es un alambre de amarre que debe engancharse a un clavo.
De regreso camino a la mesa, en una esquina adentro del salón una anciana, dos mujeres y tres niños cantan el “happy birthday”, no hay velas que soplar pero si un pastel de tutti fruti. “Mi hija mayor cumple años… y queríamos celebrar con los cipotes”, replica la anciana.
Los gatos parecen ser las mascotas idóneas para estás familias que viven enmedio de estos bares, se rozan entra las piernas de los clientes, caminan coqueteando a sus amas y además se encargan de los ratones y ratas que deambulan entre las cajas de cervezas, las flores de plástico polvosas y las rokcolas que no pueden faltar.
El maquillaje
Son cerca de las tres de la tarde, de un lunes como cualquier otro, sin sobresaltos en las calles del centro, sólo sus bullicios cotidianos. En otro bar, las mujeres se preparan para recibir a los clientes, uno que otro está desde hace un par de horas, pero el interés de este día es solo embriagarse.
El piso verde con blanco, hace correr un poco el tiempo, contrastando con los pisos clásicos de las construcciones coloniales de los bares anteriores, este es más reciente… como de los años 70 y la estructura también es diferente, con más espacios por donde los rayos del sol logran colarse entre las camas oscuras y sucias que aguardan a los clientes.
En el patio, es todo un salón de belleza, con los maquillajes y los cuchicheos típicos de las mujeres que comparten su pintauñas, el brillo labial o el rimel.
“¿Cómo seguiste de la gripe?”, dice una a otra, mientras se delinea los ojos con un lápiz plateado. “Ahí ya mejor, la mocosera y el soco no se me quitan, pero ya me tome una pastilla, acordate que no puedo tomar muchas pastillas porque si me pongo a tomar cerveza me va a hacer daño”, responde la otra que se pinta las uñas de blanco y negro.
Este lugar es un poco más refinado, acá el trabajo cuesta entre $10.00 y $20.00 “depende qué pida el cliente”, dice una de las mujeres. Y algunas ya tienen clientes que las buscan, entonces ellos pueden pagarles más si el trabajo se extiende o si andan de buenas.
“Aquí depende de los clientes”, se ve una figura reflejada en el espejo de la caja de los polvos faciales, contestando al tiempo que se pasa la esponja por las mejillas, “Usted ni se imagina quién viene por aquí, hasta diputados han venido a buscarnos”, replica.
Es normal que las mujeres pidan a los clientes que les inviten a una cerveza, además es bueno para la economía del establecimiento, no tiene tanta cuenta solo alquilar los dormitorios, con la bebida se asegura un poco más de ingresos, relatan.
Un bar más…
La curiosidad por continuar conociendo los lugares no tan escondidos del centro de San Salvador, donde las paredes destilan sexo, alcohol y caricias baratas, nos lleva a un bar más. Ya es tarde.
En la entrada un borracho empedernido acaricia y enamora una piedra del tamaño de sus manos. Sus ojos o el alcohol parecen no distinguir que se trata de alguien que no responderá a sus insinuaciones y seducciones.
El desorden y la falta de estética para la decoración son comunes en todos los bares. Pero este tiene algo diferente entre sus objetos decorativos o tal vez protectores, en cada dintel de las puertas cuelga una mata de sábila, poco inexplicable pero luce frondosa sin agua o tierra cerca.
“Cuántas le servimos corazón, quiere boca de jocote, pepino o tomate con limón?”, pregunta una de las empleadas… “dulces, cigarros, chicles, qué le damos…”, se logra colar un vendedor ambulante y en la mesa un hombre acompañado por dos mujeres habla de sus hazañas y familia que ha dejado en Escuintla, Guatemala.
Mientras la administradora observa todo el panorama del bar, sus clientes y sus empleadas, un rottweiler se pasea entre las meses y llega al viejo balcón que hace recordar que adentro el tiempo no pasa, pero afuera el mundo continúa con su trajín, la gente corriendo para abordar sus buses, el sol poniéndose y el resto de los bares esperando la noche para que las ventas mejoren.
A continuación imágenes de John Sevigny



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Anderson Estrada | 2013-03-27 20:40:12
Aquiles D. | 2012-10-05 14:30:37
Fue Francisco (Fue Shafick) | 2012-10-05 12:07:06
LagartoJuancho | 2012-10-05 12:03:51
QUE BONITOS ESOS TRANS DE LA FOTO | 2012-10-05 10:42:55
Mario | 2012-10-05 10:10:32
Von Sydow | 2012-10-05 09:04:27
Pablo | 2012-10-05 08:07:31
Carlos Canales | 2012-10-04 22:40:44
FELICIDADES A CARMEN RODRÍGUEZ/ FOTOS JOHN SEVIGNY, POR EL LA EXELENTE DESCRIPCION EN ESTE ARTICULO. CARMEN USTED PUEDE ESCRIBIR UNA NOVELA QUE NO TENDRIA NADA QUE DESEARLE A 100 ANOS DE SOLEDAD.
Carlos Canales | 2012-10-04 22:37:52
Una exelente redaccion, a pesar de no conocer esa area, el articulo tiene la habilidad transportar la que lo lee a ese lugar, el escritor deberia dedicarse a escribir novelas, y porque no usando como protagonista la/s vidas de una des estas mujeres, al ariticulo es fascinante...felicidades por este exelente articulo...
herbert gomez lima | 2012-10-04 21:11:34
esa zona siempre fue de salones y prostibulos,haya a principios de los setentas,los prostibulos estaban sobre el tramo de la 14 avenida que iniciaba en el parque del surita y terminaba en la avenida independencia, pero cuando se remodelo y amplio la calle, los prostibulos se movieron a la parte de la calle delgado.
Mauro | 2012-10-04 20:44:57
Ja ja ja ja y por que eso no me extraña en lo mas mínimo mamasitas lindas?.... ja ja ja ja.....
José Mauricio Tejada Cáceres | 2012-10-04 20:11:50
El negocio más viejo del mundo: Desde apoteósicas épocas, cuando no existian cerradas cláusilas sociales este negocio ha florecido, ahhhh mil y una historia han recorrido esos bares populares, donde el placer prohibido ha hecho mella de de noches etilicas que reverdecen mi memoria; en ellos no solo diputados, sino grandes hombres de negocios, ex-presidentes, gente de farándula, hasta pastores he visto pulular en ese "bajo mundo" y lo llamo "bajo" pues la sociedad hipócrita basada en "verdades absolutas" condenan con vehemencia este negocio, que no es más que producto de la pobreza extrema que en masa socaba los límites más bajos de nuestra sociedad, donde madres solteras se ganan el pan de cada dia para sus hijos, sobrellevando la condena de mentes déviles que tildan de pervertidas las más puras intenciones de supervivencia, loor a quien lo merece, hay quienes viven en ese mundo que son más dignas que los que rigen nuestros destinos desde el poder legislativo, un saludo a todos.
Cariñoso | 2012-10-04 19:40:35
Este articulo merece una segunda parte. Señores redactores, sugiero que este sea un editorial semanal con visitas a otros lugares. Hay material de sobra para unos tres años de articulos.
R. Reagan | 2012-10-04 18:17:21
¡Recuerdo cuando por 1.25 de colón vendian las cervezas con todo y boquita!
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